El grupo chico, como se conocían entre ellos los jefes de la barra, llegaron al poder a principios del 2002, y la mayoría de los hinchas que asiduamente van a la tribuna popular los recibieron con alegría por la limpieza de droga y robos que hicieron a fuerza de golpes y de su condición de patovicas.
Muchos aseguran aún hoy que gracias a ellos volvió la familia a la tribuna de River, que era considerada la más peligrosa del futbol argentino antes de su llegada. Es más, su propia propaganda decía que desde su arribo no hubo más peleas en la barra.
Hasta ahora.
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