El martes, José María Aguilar estuvo declarando durante cuatro horas ante el juez Luis Rodríguez. En esos 240 minutos, el presidente de River intentó despegarse de cualquier hecho que pudiera relacionarlo con la barra brava. Pero la ampliación indagatoria muestra que el magistrado no cree que la dirigencia del club sea tan inocente como declara. De hecho, Rodríguez había escrito en un dictamen que la barra se peleaba por un botín económico y dejaba entrever que River había fomentado o no había hecho nada para parar esto. Y el martes lo puso en blanco sobre negro: además de la acusación de encubrimiento por los hechos de la batalla de los quinchos, ahora también le imputa el sostener grupos que infringen el regimen penal y contravencional a través de la instigación, promoción o facilitación de la formación de estos grupos en el marco de la ley de espectáculos deportivos, que en su artículo quinto prevé para quien cometa ese delito una pena de uno a seis años de prisión.

La declaración de Aguilar también dejó otras perlitas. Como que aceptó que en el club hubo denuncias sobre reventa de entradas de protocolo (que son plateas, no populares), pero que el club no había iniciado sumario interno. Cabe destacar que uno de los barras empleados del club y primera línea en su momento de Rousseau, Christian Ghisletti, tuvo un proceso por este tema iniciado por la Policía Federal el 8/10/06. Sobre quién maneja las entradas de protocolo, Aguilar precisó que el encargado de distribuirlas es el secretario del club (en este caso Mario Israel) y que el cupo por partido varía de 3.500 a 5.000.
Aguilar también dejó otras consideraciones. Como que Luisito, ex capo de la barra e involucrado por la Justicia en los hechos que terminaron con el crimen del hincha de Independiente, Christian Rousoulis, trabaja en el club “porque puede meterse a buscar talentos donde otra gente no se anima” y que a Alan y Adrián nunca los vio en actitudes violentas hasta el 11 de febrero del 07, obviando que todos los hechos que protagonizaron Los Borrachos del Tablón y que ambos ex jefes de la barra, tenían condena contravencional por temas de fútbol antes de esa época.
Sobre cómo William Schlenker, sin ser socio, estaba presente en los quinchos afirmó que “en el fútbol siempre entran un 30% de colados” y en cuanto a los barras empleados que había en el club aseguró que él no se encargaba de las contrataciones. “Sólo pedí por un ex compañero mío del colegio, nada más”, agregó.
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