El presente de River es un cambalache en el que la Biblia está junto al calefón o –lo que es lo mismo– donde las declaraciones de Oscar Ahumada tengan relación con la batalla de los quinchos que desangró a la barra brava. En Núñez todo tiene que ver con todo. Y nadie se salva.
“Si los dirigentes se meten con las opiniones de un jugador, yo me voy a empezar a meter con los temas dirigenciales y voy a decir qué pasa con la venta de tal jugador. Y seguimos armando el clima”, amenazó el jugador.
Ahumada, que antes de junio debería renovar su contrato o jugar dos años por el 20% de aumento, se refería, entre otras, a la venta más cuestionada de los últimos años: la de Gonzalo Higuaín al Real Madrid, en diciembre de 2006.
“En la reunión de Comisión Directiva que aprobó aquella transferencia, había barrabravas”, reconoce un dirigente. ¿Quiénes? Sus nombres salen de memoria: Alan Schlenker y Adrián Rousseau, los capos que por entonces estaban unidos.
Dos meses después, el 11 de febrero de 2007, Higuaín sería protagonista indirecto en la llamada batalla de los quinchos. El club habría pactado un porcentaje para los jefes de los Borrachos del Tablón, quienes no se ponían de acuerdo en la distribución de los fondos. Eran cerca de 50 mil dólares.
Por ese dinero casi se cobran la vida de Ricardo Cosentino, asesor futbolístico de la empresa HAZ, ligada a Fernando Hidalgo. En su casa de Palermo, Cosentino fue amenazado por diez hombres armados que usaron handies para comunicarse y cuyo modus operandi remitía a Los Borrachos del Tablón.
Más acá del dinero, la interna por el poder se cobró la vida de Gonzalo Acro y tiene a los hermanos Schlenker tras las rejas. Tal vez, cuando el juez Luis Rodríguez los indague la semana próxima, sepa más sobre la relación barra-dirigencia desnudada por Ahumada.

0 Respuestas a “La batalla por los trapos…sucios”