Archivos para la Categoría 'Violencia barrabrava'

01
Oct
09

El “hogar” de los barras condenados

El módulo del escándalo es donde está alojada la mayoría de la barrabrava de Boca. Allí viven varios de sus históricos integrantes, tras haber sido condenados por un violento enfrentamiento contra hinchas de Chacarita, en 1999. Los más conocidos son los hermanos Di Zeo: Rafael y Fernando.

bolsa de gatos

Otros barras detenidos allí son Alejandro Falcigno (apresado este año), Juan Antonio Castro (estuvo prófugo, pero se entregó en 2007), Fabián “Topadora” Kruger y Diego Rodríguez. Un dato curioso: un sector de la barrabrava de River encabezado por los hermanos Schlenker está alojado en el penal de Marcos Paz por la muerte de Gonzalo Acro. Pero el barra que está acusado de haber disparado contra Acro, Ariel “El Colo” Luna pidió -cuando fue extraditado por Interpol desde Italia- no estar detenido con Los Borrachos del Tablón (la barra de River) sino con los de Boca. Es por eso que “El Colo” Luna, mientras espera el juicio oral por la muerte de Acro, pasa sus días junto a los Di Zeo y compañía en uno de los pabellones VIP de Ezeiza.

Fuente: Clarín
16
Sep
09

Jaulas-cárceles para hooligans

En la Eurocopa 2008, en Austria y Suiza, se construyeron estas “prisiones express” para hooligans:

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Celdas temporales montadas en la antigua prisión de Schaellenmaetteli en Basilea.

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Las instalaciones provisionales están pensadas para custodiar a los hooligans y seguidores violentos durante la Eurocopa 2008.

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Otra prisión provisional, instalada en Ittigen, cerca de Berna.

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Las celdas han sido instaladas en un gimnasio de Ittigen.

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Exterior de la prisión provisional de Ittigen.

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Interior de la antigua prisión de Schaellenmaetteli, reacondicionada para hooligans y seguidores violentos.

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Detalle de las celdas en la prisión provisional de Basilea.

08
Sep
09

Para Colombia, el derecho de admisión funciona

Orlando Sobrado, tiene a cargo el control y garantía de la seguridad en los partidos de fútbol, fue invitado a Colombia por la Policía para hablar del tema y dialogó con EL TIEMPO.

El comisario argentino y de la Policía Federal de ese país es hincha furibundo del Boca Juniors (YUTA=VOSTERO). Su trabajo lo desarrolla en el departamento de prevención de la violencia en el fútbol, que nació en 1993 y tiene dos dependencias: la división de análisis de eventos deportivos y el de investigación de conductas delictivas en espectáculos deportivos, implementado hace seis años.

¿Qué medida les ha resultado eficaz para reducir la violencia?

El derecho de admisión. Los clubes dejan entrar en su casa a los que quieren. Pero hay clubes grandes que no saben qué hace uno de sus hinchas en otro lado. Se hizo un convenio con los clubes, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), el Ministerio y la Policía para que ese hincha que cometió un hecho acá pueda prohibírsele el ingreso allá.

¿Han recurrido a un veto definitivo para que alguien entre a fútbol?

No hasta ahora. Lo que sí ha sido radical es que en las categorías más bajas, en otras divisiones, para evitar incidentes, se vetó la concurrencia de la parcialidad visitante desde hace un año. A este punto llegamos pero se redujo muchísimo la violencia.

¿Qué más han implementado?

Tenemos además un banco de datos donde toda persona que cometa un delito va a entrar allí. A Japón y Alemania hubo gente que no entró por indicación de la Policía Federal. Tenía antecedentes.

¿La violencia en el fútbol cuántas muertes ha dejado en los últimos años en Argentina?

No le puedo precisar las cifras pero sí detectamos un aumento de los hechos violentos en los espectáculos y fuera de ellos que nos obligaron a crear el departamento. En este primer campeonato tuvimos 1′237.410 hinchas, en 126 partidos, con apenas 11 incidentes no graves. Este año por fortuna no hemos registrado ni un homicidio relacionado con el fútbol.

¿Qué función puntual desempeña ese departamento?

La primera, hacer inteligencia previa a un encuentro de fútbol. Me refiero al estadio, características de sus alrededores el día del encuentro, la cantidad de hinchas posibles que van a asistir, qué hay de antecedentes entre esas hinchadas, y las rutas de desplazamiento de esos aficionados. La segunda, trabajar en el marco jurídico, en contravenciones o en hechos que rayen en el delito.

¿Cómo funciona?

Normalmente los lunes se reúne el consejo. Están los representantes, clubes, gobierno, el departamento de prevención y se ponen sobre la mesa todas las variables alrededor de un partido como el horario, si se cruza con la salida de jóvenes de un colegio.

Todo se plantea. El miércoles se vuelven a reunir y lo que se debatió el lunes ahí queda definido. Se expide un acta de qué se hace y cómo se hace y se cumple. Incluso si se requiere, no se vende boletería en taquilla o se limita el número de hinchas visitantes. Si se define que más de 6 mil no entran, el domingo no hay más de ese número.

¿Cuántos hombres tiene para la inteligencia?

Alrededor de 50 personas y no es un trabajo fácil. Se delegan responsabilidades como por ejemplo para que alguien tenga registros de las placas de cada bus que se desplace, con el nombre de su choferes, el número de pasajeros… Todo eso lo debemos tener localizado y hacemos monitoreos de las hinchadas por las carreteras con las empresas privadas de autopistas.

Pero, ¿la inversión en logística es enorme?

A veces hay problemas. Como el que unos carros se desplacen antes pero son cosas con las que venimos luchando porque nosotros no podemos obligar a que salga a tal hora y llegue a tal hora.

¿De todos modos la concentración de la mayoría de equipos en Buenos Aires y sus alrededores facilita las cosas?

Tuvimos recientememte un acompañamiento de una hinchada de San Martín de Tucumán durante 1.200 kilómetros de carretera. Eran 28 buses con 40 hinchas en promedio cada uno. La caravana llegó a Buenos Aires con siete policías.

¿Eso basta o es necesario hacer leyes más rígidas. Han modificado de alguna forma los códigos?

No. Se ha cambiado es de forma operativa en los estadios. Se creó un grupo especial que está en la tribunas para evitar los incidentes. Está entrenado para trabajar sin armas dentro y alrededor de los estadios. Vela porque el ciudadano común no sufra las consecuencias de los desadaptados. Lo que se ha fortalecido es el cacheo (requisas) en los anillos para evitar que la gente entre armada.

¿El trabajo de pedagogía les ha funcionado?

Va en el día a día. Detrás del partido viene la crítica y las cosas se van corrigiendo. Hay encuentros, seminarios, pero ese grupo minúsculo que genera la violencia no va. Va el común y no los de los desmanes. Ninguna institución del mundo tiene la cartilla para decir cómo se maneja. Se maneja con lo que se supone que puede pasar y con lo que pasó.

¿Está muy lejos Suramérica de ver aficionados sin malla enfrente como se ve en Inglaterra?

No tan lejos como se pueda uno imaginar. Esto se debe acabar algún día y no porque haya muertos. Tiene que llegar un momento en que todos nos pongamos de acuerdo.

¿Diría que la situación en Colombia es muy distinta a la de su país?

No puedo hablar de algo que no conozco con exactitud pero sí le puedo decir que este es un fenómeno con caracterísrticas similares en Suramérica. Es un problema social, cultural que no toca a un sólo país. Cuando hay partidos entre países se perjudica todo un pueblo por cuenta de unos pocos.

¿Qué hay tras los incidentes de las barras?

Llámese barras bravas, los Tiffosi, la Torcida, los Holigans, son los mismos. Son grupos minúsculos de desadaptados sociales que a veces aprovechan la masa para provocar.

¿Cuál es el perfil de ellos?

Son todos delincuentes. Hay un caso emblemático que fue el del asesinato de un hincha de River al parecer por disputas del liderazgo de la barra. Capturamos a 14, uno de los cuales estaba en Italia. Logramos extraditarlo y constatamos que tenía causas judiciales en Barcelona (España) donde lo investigaban por el robo armado a una joyería. Falta uno por capturar.

¿Alguno de esos 14 volvió a fútbol?

A pesar de que hubo excarcelaciones quedaron vetados. Los organizadores hacen uso del sistema de admisión y no ingresan a sus eventos.

¿Lo que usted sostiene es que no son hinchas desmedidos sino delincuentes mimetizados tras estos actos?

Sin duda. Se mimetizan y algunos no van ni siquiera a ver los partidos. Aprovechan la masa para expresar su manera incorrecta de ser pero donde pasan desapercibidos públicamente.

¿Cómo han hecho para controlar esa violencia que se genera a través del mundo virtual?

El mismo grupo de inteligencia está observando constantemente esas páginas y las comunidades virtuales para anticiparnos y evitar esos choques.

Fuente: El Tiempo.com
06
Sep
09

Hooligans o policías, ¿quiénes son culpables de la violencia?

Violencia en las gradasOtra vez la violencia. Y otra vez la pregunta: ¿qué ocurre con los hinchas ingleses? ¿Por qué siempre en líos? ¿Son víctimas de la violencia policial, o de otros fanáticos, o son hooligans incorregibles, que gozan peleando?

Tras los desórdenes en Roma y Sevilla, seguimos sin entender lo ocurrido. Si escuchamos a los hinchas, los policías los agredieron con mínima provocación, y los apalearon en el suelo, como a perros. Las escenas de la televisión son incompletas y pueden interpretarse en formas diferentes.

Lo cierto es que el Roma-Manchester United, de Liga de Campeones, y el Sevilla-Tottenhan Hotspur, de Copa UEFA, se convirtieron en nuevos escándalos, que oscurecen lo realmente importante, que es el deporte.

¿O deberemos entender que la violencia es lo realmente importante, mientras que el deporte es aleatorio?

Los italianos no necesitan lecciones de violencia de nadie. Sus ultras son de los más repugnantes que se pueda imaginar. Pero llama la atención que los actos de violencia sean habituales cuando llegan los ingleses, a Italia y otros países, mientras que sólo son esporádicos cuando se trata de fanáticos de otras nacionalidades.

No se trata únicamente de la bebida, o por lo menos este factor no es tan decisivo como muchos piensan. A la hora de beber, los escoceses y los irlandeses, para no hablar de otras nacionalidades del norte de Europa, no tienen nada que envidiar a los ingleses.

En su defensa, los ingleses argumentan que la mala fama anterior se ha convertido en un lastre del que no pueden desprenderse. Dicen que cuando un equipo inglés llega a una ciudad del continente, los matones locales se relamen y afilan los cuchillos, sabiendo que su agresión valdrá doble. También están convencidos de que los policías se cobran viejas cuentas, sabiendo que la opinión pública no condenará sus excesos.

A fin de cuentas, todos quieren darle de palos a los ingleses, le dijeron los periodistas de esa nacionalidad a Achille Serra, el jefe de la policía de Roma.

El comisario había llegado preparado, y mostró una recopilación de escenas de televisión, en las que hinchas ingleses arrancaban asientos y los arrojaban contra la policía y los aficionados italianos.

Los ingleses replicaron que el “documental” había sido editado de mala fe, que faltaban otras escenas y que los episodios mostrados no estaban en orden cronológico.

Mi experiencia en televisión es superficial, pero me alcanza para saber que uno puede demostrar cualquier cosa si sabe usar una máquina para editar.

Otros, italianos, españoles e ingleses, coinciden en que las provocaciones existieron, pero que los aficionados ingleses no están acostumbrados al nivel de reacción de los policías europeos en episodios de esta naturaleza.

¿No están acostumbrados, después de tantos apaleos a lo largo de los años?

Lo cierto es que un número considerable de ingleses (también italianos, alemanes, argentinos y otros) van a la cancha con la esperanza de una buena pelea. Y cuando a uno de ellos le abren la cabeza de un palo, el lobo se convierte en oveja y busca un fotógrafo para denunciar la brutalidad policial.

¿Y qué dice la UEFA a todo esto?

William Gaillard, el director de comunicaciones, dijo que el problema es general, que no se debe circunscribir a un par de nacionalidades, y que es más grave que la situación en los años ’80, supuestamente la edad de oro del hooliganism.

“Hemos visto este tipo de episodios en España, Italia, Francia, Holanda y Alemania. En los ’80 la violencia era espontánea, encendida por el alcohol, mientras que ahora vemos violencia organizada”, dijo.

Gaillard tiene razón en que esta violencia está organizada, pero se equivoca en decir que la de los años ’80 era espontánea. Recordamos muy bien esos años y sabemos que la chispa de la violencia era invariablemente encendida por grupos de hooligans que sabían muy bien lo que estaban haciendo.

Exactamente igual que ahora, con una diferencia notable: los hooligans europeos se han organizado tan bien como los ingleses, mientras que los policías siguen aplicando brutales técnicas de represión política, en vez de control moderno de muchedumbres.

La policía italiana, por ejemplo, avanza con el estilo rodillo de los antiguos romanos, y apalea a toda una tribuna, aunque la provocación haya estado reducida a un reducido grupo de exaltados.

La policía británica utiliza técnicas llamadas “de cuña”: los caudillos de la violencia son identificados y el operativo tiene como objetivo neutralizarlos a ellos, en vez de apalear y dispersar a toda una tribuna.

Los hooligans se han profesionalizado. Ya es hora de que la policía también lo haga.

Fuente: BBC Mundo

Esta nota es de abril del 2007, pero tranquilamente podría estar describiendo los sucesos de hace unos días en el Upton Park.

02
Sep
09

Chacagón rompecódigos

seguridad por el pisoHay muchas personas, miles, que dicen haber visto un peliculón el domingo en el Monumental. De ésos que te llenan el alma, que te dejan con la sonrisa amarga de que no todo está perdido. Cuentan que no es la primera vez que lo miran y que, igual, les sigue erizando la piel, los mantiene expectantes hasta el final y que el protagonista, un Burrito sencillo, los lleva siempre hasta la emoción.

Pero no son los únicos que vivieron un episodio digno de Hollywood en la calurosa tarde en Núñez. Porque vecinos del barrio, transeúntes comunes, familias en paseo dominguero y también hinchas silvestres, fueron testigos de lo llamativo que es, en cualquier circunstancia de la vida, ver descender a un helicóptero en plena avenida Del Libertador. Y no sólo que presenciaron el hecho sino que algunos resultaron damnificados por la impunidad con la que se desparramó un grupo de barras de Chacarita.

Olé tuvo acceso a una serie de fotos arrojadas desde un balcón de un edificio ubicado en river1aLibertador y en ellas se observa una zona aparentemente liberada (aunque lo nieguen desde la Subsef), con apenas un patrullero estacionado en la cuadra y también estacionado en su accionar. En algo, o en mucho, mejor dicho, debe haber fallado el operativo policial para que fuera necesario, como medida primaria y extrema a la vez, que un helicóptero de la Federal irrumpiera la escena y dispersara a los vándalos que hacían destrozos a cada paso.

river2aCuentan testigos que alrededor de las 13.30 (el partido arrancó 14.10), cerca de 50 violentos venían caminando por la calle Congreso y al doblar por Libertador empezaron los desmanes, lo que todos pueden imaginar y no tantos logran prevenir. Este grupete era una avanzada de la caravana que traía en micros al grueso de la barra de Chaca desde San Martín; algunos con palos en las manos, otros desarmados, todos repartieron golpes indiscriminadamente, rompieron comercios y robaron a quien pasaba por ahí. Y entonces, el surrealismo, la ciencia ficción, la película convertida en realidad, con la máquina y sus aspas asomándose por la avenida Udaondo, camuflándose entre los árboles y descendiendo hasta estar a cinco metros del asfalto. Empezaron las corridas, volaron los cascotazos, pero con la ley que bajó desde el cielo no llegó la calma total. Porque varios de los inadaptados que provocaron los incidentes se subieron a los micros que traía al grueso de la barra, aunque algunos se quedaron en la zona después de que se fuera el helicóptero y, claro, siguieron haciendo lo mismo que antes como si nada hubiera ocurrido.

river4aA pesar de que el día del partido, en un principio, desde prensa de la Policía decían que no se había registrado ningún acto de violencia en la zona, luego se confirmó el saldo de 76 barras funebreros detenidos por atentado y resistencia a la autoridad. Ya están todos en libertad porque el delito del que se los acusa tiene pena de hasta dos años de prisión, por lo cual es excarcelable.

Igual, entre los dirigentes de Chacarita existe mucho malestar por el invicto que ostentan losriver5a violentos del club: dos partidos en Primera, igual cantidad de episodios repudiables. Tras el enfrentamiento con hinchas de Tigre en la General Paz, en la fecha inaugural, enviaron una carta para los socios apelando al buen comportamiento. Y ayer el club recibió la amenaza por parte de la Subsef de que a la próxima se adoptarán medidas severas.

El domingo, al cabo, se vieron dos películas de géneros bien distintos. Una, claro está, jamás debió aparecer en cartelera.

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Fuente: Olé
29
Ago
09

Ultras, morir matando

violencia-en-el-futbolLa nueva generación parecía menos adrenalínica, de ahí la nostalgia radical

“Son chavales a los que les gusta animar”, defienden algunos aficionados

Los ‘talawarriors’ imparten su doctrina de odio racista desde Internet

“Soy un ‘ultra’, no un criminal”, es uno de los gritos de guerra del colectivohooligans

Los clubes nunca se librarán de la sospecha de que apoyan a exaltados

Aislamiento y policía evitan su expansión, pero no destruyen el núcleo

Para ver la nota completa entrar en Ultras, morir matando

Inglaterra teme por el ‘ciber-hooliganismo’

Aunque el ministro de Interior británico, Alan Johnson, afirmara, a raíz de los incidentes del partido entre el West Ham y el Millwall, del martes, que “los días oscuros de la violencia de los años 70 y 80 pertenecen al pasado”, la opinión pública inglesa teme por todo lo contrario

Los incidentes del West Ham-Millwall aún colean

Los incidentes del West Ham-Millwall aún colean

Y es que las revelaciones de los ‘hooligans’ a la prensa descubren que los violentos cuentan con un arma de la que no se disponía en aquellas décadas: Internet.

La red se convirtió el martes en la aliada de los ‘hooligans’ del West Ham y del Millwall, dos clubs londinenses enfrentados desde los sesenta, a raíz de una huelga general que unos apoyaron y otros no. Mensajes en los fórums de los seguidores invitaban a protagonizar una batalla campal contra los hinchas rivales. “Nos incitaban a venir con palos y a dejar a los niños en casa”, reveló un ‘hooligan’ al diario ‘The Sun’. Otros ultras recordaron que habían circulado mensajes no precisamente conciliadores entre las dos aficiones. “No vi nunca algo igual. Eran un centenar y se lanzaban botellas y piedras”, recordaba otro seguidor del West Ham en la prensa británica.

Y es que las revelaciones de los ‘hooligans’ a la prensa descubren que los violentos cuentan con un arma de la que no se disponía en aquellas décadas: Internet.

La red se convirtió el martes en la aliada de los ‘hooligans’ del West Ham y del Millwall, dos clubs londinenses enfrentados desde los sesenta, a raíz de una huelga general que unos apoyaron y otros no. Mensajes en los fórums de los seguidores invitaban a protagonizar una batalla campal contra los hinchas rivales. “Nos incitaban a venir con palos y a dejar a los niños en casa”, reveló un ‘hooligan’ al diario ‘The Sun’. Otros ultras recordaron que habían circulado mensajes no precisamente conciliadores entre las dos aficiones. “No vi nunca algo igual. Eran un centenar y se lanzaban botellas y piedras”, recordaba otro seguidor del West Ham en la prensa británica.

Fuente: www.sport.es

28
Ago
09

Un brote de la “enfermedad inglesa”

SPORT SOCCER WORLDEl hooliganismo, ese baldón nacional conocido también como “la enfermedad inglesa”, reapareció en Londres esta semana para consternación de las autoridades y los medios de comunicación, que creían que los peores casos de violencia en el fútbol británico eran asunto del pasado.

La desagradable sorpresa se debe a que desde los años ochenta no se registraban incidentes tan serios como los ocurridos en el estadio de Upton Park, en el este de la ciudad. Allí, partidarios de los clubes West Ham United y Millwall se enfrentaron en una batalla campal en la que un hombre resultó herido con arma blanca. La policía, a pie y a caballo, pudo contener a duras penas a los hinchas más bravucones en medio de una lluvia de botellas y otros objetos. Los diarios claman ahora por una sanción ejemplarizante de los culpables de la violencia, algunos de los cuales son fácilmente identificables en fotos y videos. Uno de los castigos que se sugiere es prohibirles asistir de por vida a los juegos de fútbol. Es algo así como la pena donde más duele.

Castigo

El escarmiento es lógico pero no resolverá un fenómeno que persiste y que, en sus peores manifestaciones, puede aflorar con fuerza como sucedió en Upton Park. Un remedio más efectivo sería atender las múltiples causas de la violencia asociada al fútbol, que han sido estudiadas de manera exhaustiva por historiadores y sociólogos desde los años sesenta del siglo pasado.
La percepción tradicional es que el hooligan es un hombre de clase obrera sin muchas oportunidades de progresar en la escala social. Se tiende a creer entonces que al estar entre sus pares, el hincha manifiesta su frustración en actos de violencia. El asunto es, por supuesto, mucho más complejo.

Para quienes han estudiado el hooliganismo, un factor a tener en cuenta es la necesidad de identificarse con un grupo. Tal es la conclusión Paul Gow y Joel Rookwood, de la Cátedra de Estudios del Deporte de la Universidad Hope de Liverpool. Uno de sus entrevistados les dijo a los investigadores: “cuando los muchachos se juntan, algunos quieren ser violentos y algunos lo hacen para parecer duros frente a sus amigos”.

Consejo

Esa es una realidad que conoce bien Dougie Brimson, autor de varios libros sobre la violencia en el fútbol, ex hooligan y veterano de las guerras de las Malvinas y del Golfo. En su libro March of the Hooligans: Soccer’s Bloody Fraternity, publicado en 2007, Brimson señala que los hinchas violentos dejarán de serlo mediante la actitud firme de sus pares, tal como sucedió con los seguidores del fútbol escocés conocidos como el Tartan Army.

La recomendación de Brimson, que no es un antídoto para el hooliganismo, bien podría ser tenida en cuenta por los hinchas del West Ham y el Millwall, protagonistas de los recientes actos de violencia. Es una receta que también deberían intentar clubes en otras partes del mundo porque en definitiva esta enfermedad no es única y exclusivamente inglesa.

Erradicar de una vez y por todas los disturbios y el vandalismo en el fútbol, es una tarea a largo plazo y de fin incierto. Sin embargo, la máxima autoridad del deporte en Inglaterra, la Asociación de Fútbol, tiene que actuar con urgencia si desea que la Copa Mundial se celebre en casa en 2018.

Fuente: LaPágina.com.sv

Los ‘hooligans’ más peligrosos del mundo están en el Millwall

No gustamos a nadie, pero no nos importa. Así reza el lema y título del himno del Millwall FC. Este equipo al sureste de Londres, encasillado en la 2ªB inglesa (Coca-Cola League 1), es conocido en su país no por su fútbol, sino por sus hinchas. Su mala reputación hace que el Millwall siempre esté en la ‘superliga’ de la violencia, pero en la liga menor del fútbol. Este martes por la noche, sus hooligans escribieron otro capítulo más de su afamada violencia frente al equipo que más odian, el West Ham.

Son los hinchas más temidos por la policía de Inglaterra. Ni Chelsea, ni Liverpool, ni Manchester… los radicales del Millwall, ‘Bushwackers’ y ‘The Treatment’, superan la temeridad de cualquier otro hincha. La afición de este club se frotó las manos cuando conocieron que la Carling Cup les iba a posibilitar vérselas con su eterno enemigo, los hammers. La pelea con hinchas de sus vecinos londinenses estaba servida. Quedaron antes del encuentro y también se vieron después.

Son partidos marcados en el calendario de un hooligan del Millwall. Un partido frente al West Ham no se da todos los años, el último fue en abril de 2005. Documentales y películas –como The Football Factory- se han basado en esta afición para plasmar sus acciones en la pequeña y gran pantalla. Ellos lo saben, se sienten orgullosos.

El club es el epicentro de sus vidas. Viven y trabajan por y para él. Es una tradición que, en los hooligans más radicales, se pasa de padres a hijos. Alcohol, violencia y fútbol.

A pesar de la humildad de un club de 2ªB, fundado en 1885, la afición llena el estadio cada jornada y en 2004, cuando disputaron la final de la ‘FA Cup’ frente al Manchester, 40.000 aficionados se desplazaron a Cardiff, donde tuvo lugar el encuentro.

Los futbolistas y directivos pasan, nosotros permanecemos

Se sienten dueños del club, por encima de la directiva y jugadores. ‘Los futbolistas y directivos pasan, nosotros permanecemos’, es una de las consignas de cualquier aficionado radical por todo el mundo, ellos lo llevaron a la práctica cuando cambiaron de estadio. Desmantelaron el campo en el último partido y se lo llevaron literalmente a sus casas. Sillas, césped, placas…

El Millwall, al igual que el football, fue fundado por la clase obrera. También el West Ham, pero mientras los lions provienen de una zona de estibadores, los hammers lo hacen del sector del metal. Causa, unido a lo local, de la rivalidad. Hay un suceso que termina por  sacar a la luz su odio: una huelga general por los años ’60 que aficionados del Millwall apoyaron y del West Ham no. Cinco décadas de peleas con muertes incluidas.

Su actitud de odio aumenta con un equipo como el West Ham, por su rivalidad, pero también adquiere intensidad con clubes que son también famosos por sus temidas aficiones, Leeds United, Hull City, Stoke City, Birmingham City…

Las tres ‘batallas’ del Millwall más famosas

Son tres las actuaciones de los ‘Bushwackers’ y ‘The Treatment’ que serán recordadas para siempre. En 1978 cuando en la FA Cup les tocó jugar en Ipswich City. Antes del encuentro estalló la batalla donde hubo lanzamiento de ladrillos y piedras entre ambas aficiones. La lucha se desplazó de los aledaños del estadio a las calles adyacentes, ahí ya se utilizaron bates, cuchillos y botellas. El club fue excluido de la competición durante dos años.

En 1985, el Millwall se desplazó a Luton para disputar un encuentro de la ‘FA Cup’. A los 14 minutos del choque, este tuvo que ser interrumpido porque hubo invasión de campo. Posteriormente, hubo lanzamiento de asientos, hasta 700 acabaron en el césped. El balance fueron 81 heridos, 31 de ellos eran policías. Incluyendo a uno que, mientras hacía el boca a boca a un compañero, fue pataleado. El Millwall fue multado con 7.500 libras y el Luton prohibió la entrada a la afición visitante para los siguientes seis años.

En 2002, en casa, el Millwall fue eliminado en las semifinales de la FA Cup por el Birmingham City. La afición no se lo tomó bien y tomaron las calles enfrentándose a la policía. 45 de estos fueron heridos y unos 900 hooligans implicados en la pelea. Edificios dañados y dos coches quemados fueron otras de las consecuencias de esa derrota.

La violencia como medio de expresar la superioridad. El fútbol en segundo plano; los puños, primero. Este martes alguien fue más allá y sacó un arma blanca para perforar el pecho de otro hincha. No iba a hacer daño, apuntó a un pulmón. Afortunadamente, la persona permanece estable en un hospital de la capital inglesa.

Fuente: elconfidencial.com
27
Ago
09

Hooligans, el regreso

Los hooligans volvieron con todo después de casi un año de tranquilidad: el martes, cientos de barras del West Ham y del Millwal, acérrimos enemigos en las tribunas, se trenzaron a golpes de puño y cuchillazos antes, durante y después del encuentro que disputaron sus equipos de fútbol. En el medio también participó la Policía, que pretendió calmar los ánimos y que los incidentes no pasaran a mayores.

Lo extraño de este regreso de los barras, en el que se produjo la internación de tres personas que están fuera de peligro -una de ellas recibió un cuchillazo en el pecho-, es que los encontronazos se registraron tanto en las adyacencias del estadio del West Ham como en el mismo terreno de juego.

Los desmanes habían sido planificados de antemano por los propios violentos, quienes produjeron lo que muchos calificaron como los incidentes más duros entre hooligans en las últimas décadas.

Es que más allá de que siempre se habla de ellos, los ánimos se habían apaciguado en los últimos años, producto de fuertes leyes que apuntaron a desterrar una problemática similar a la que ocurre en el fútbol argentino, aunque en nuestro país el problema se agrava debido a que, a diferencia de lo que ocurre en Inglaterra, los barras argentinos suelen participar de negocios con los dirigentes de los clubes y políticos.

El último incidente de gran envergadura que se registra con hooligans ingleses data de febrero pasado, cuando los violentos arrojaron botellas de cervezas y frutas contra autos y peatones en las calles de Sevilla, España, a donde se habían trasladado para seguir un partido amistoso entre las selecciones española e inglesa.

Sin embargo, ese fue considerado un hecho aislado en comparación con los producidos en los últimos años. Es que en las décadas del ‘80 y ‘90, los hooligans habían tomado el gran protagonismo del fútbol inglés. A punto tal que sus traslados hacia los amistosos de sus respectivos equipos y de su selección generaban temores en todos los países en que debían ser recibidos.

Para detenerlos, los clubes ingleses debieron resignar participaciones en torneos internacionales y luego a sus hinchas se los fue identificando al ingresar a los estadios de manera tal que no quedaran exentos de posibles incidentes.

Con la efectivización de estas medidas y el transcurso del tiempo, el poder de los violentos se fue debilitando hasta menguar casi literalmente.

Es por eso que en los últimos meses casi no se produjeron incidentes. Hasta el martes, cuando la violencia hooligan volvió a dar el presente en el fútbol inglés.

Fuente: Infobae.com

Preocupa la vuelta de los hooligans a la Premier

Inglaterra tiembla ante la violencia de Upton Park

Los ´hooligans´, en acción

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Inglaterra revive la pesadilla

Un apuñalado en peleas tras un partido de la Copa de la Liga inglesa

HOOLIGANS SON “DESGRACIA PARA FUTBOL”, MINISTRO INGLES

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Fútbol inglés adoptará fuertes medidas ante actos violentos

Los graves incidentes del West Ham-Millwall hacen renacer el fantasma de los hooligans

Federación inglesa quiere duras sanciones para violentos

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Los disturbios en Upton Park disparan las alarmas ante la reaparición de la violencia

Inglaterra tiembla ante la violencia

Brutal pelea durante el West Ham – Millwall

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Los hooligans reaparecen con fuerza en Londres

La furia de los Hooligans causa los peores disturbios en 30 años en el fútbol inglés

Un hombre resulta apuñalado en Upton Park en los incidentes más graves de los últimos años

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Los hooligans volvieron con todo

Cuando la violencia rebasa al futbol

Un hombre fue apuñalado en un partido de la Copa Carling en Inglaterra

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Un apuñalado, varios heridos y 13 detenidos en los disturbios del West Ham – Millwall

Volvieron los hooligans: serán vetados de por vida

One Stabbed In Upton Park Football Violence (video)

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14
Jul
09

Breve cronología del horror

60023El primer crimen con un barra argentino involucrado sucedió en 1924, durante la final del Sudamericano disputada entre Argentina y Uruguay, en Montevideo. La víctima se llamaba Pedro Demby y el victimario, José Lázaro Rodríguez, alias El Petiso, reconocido hincha de Boca.

Luego, en 1939, ya en Buenos Aires, fueron asesinados por balas policiales dos hinchas de Boca, durante un partido frente a Lanús. Hoy, ya son 238 las muertes asociadas a episodios de violencia en el fútbol, de acuerdo a la ONG “Salvemos al Fútbol”. La mayoría de los asesinatos siguen impunes.

Un San Lorenzo-River de 1944 terminó con 9 fallecidos.

Ya en 1968 sucedió un episodio e trágico del fútbol argentino: La Puerta 12, en el Monumental, con 71 muertos tras un River-Boca.

A partir de los 80, la violencia se fue haciendo más compleja y violenta. En 1983, Roberto Basile murió en la popular de Racing, en la Bombonera, cuando una bengala lanzada desde la tribuna local estalló en su garganta. Adrián Scaserra (en Independiente-Boca) murió por la represión policial, en abril de 1985. Daniel Souto, en 1985, murió atacado por la barra de Boca cuando salía de la Bombonera tras un Racing-Banfield. En 1990, Saturnino Cabrera falleció, también la Bombonera, cuando le impactó un paraavalanchas lanzado de la bandeja superior.

En 1994, los crímenes de los hinchas de River Angel Delgado y Walter Vallejos fueron significativos también por sus consecuencias: fue el final de la barra brava de Boca, entonces a cargo de El Abuelo.

En 2007 mataron a Marcelo Cejas tras un Chicago-Tigre y a Emanuel Alvarez, en 2008, antes de un San Lorenzo-Vélez.

El nuevo siglo ofrece el nuevo fenómeno de los enfrentamientos internos de las barras de un mismo club. El caso Acro y esta interna de Huracán son los más emblemáticos.

Fuente: Clarín
13
Jul
09

El ADN de la barra

Por Jose Garriga*

61766_2662009_Download.aspx (1)Como resultado de un exhaustivo trabajo de investigación etnográfica entre los miembros de la barra brava de Huracán debo afirmar, sin medias tintas, que la violencia es una acción que tiene muchos réditos. Para ser de la barra hay que tener aguante y el aguante sólo puede probarse en una lucha física. El aguante tiene que ver con piñas, patadas y pedradas, con soportar los gases lacrimógenos y otros efectos de la represión policial, con cuerpos luchando y resistiendo el dolor. Eso es tener aguante para los miembros de las barras bravas. Y tener aguante tiene sus privilegios.
Por un lado, ser de la barra permite transformarse en una persona respetada y prestigiosa. El prestigio, ganado a las trompadas, literalmente, genera una dosis de admiración que supera los límites del grupo. Pelearse, ser un aguantador, otorga reconocimiento entre los miembros pero también puertas afuera. Hacia adentro organiza el orden jerárquico de la hinchada, que va de los más “capos” a la “tropa” en función de sus capacidades aguantadoras. Cuanto más aguante demuestren más alto se ubican en la jerarquía; así los líderes suben a fuerza de peleas y batallas. Pero el respeto ganado en la lucha también es una moneda fuerte en interacciones por fuera de la barra. Es sorprendente la admiración que estos hinchas cosechan entre personas que no participan de actos violentos. Dicha admiración, que tiene una dosis de temor, convierte a los barras en personajes reconocidos; saludados, requeridos para fotos y autógrafos, los barras se saben importantes.

La violencia es una fuente de prestigio moral construida sobre valores que la sociedad considera amorales. Vaya contradicción. Sin embargo, este reconocimiento los nutre de legitimidad, les da valor a sus actos y los relaciona con actores que están en contra de la violencia. Estas relaciones son la otra fuente de réditos que tiene la violencia. Si por un lado, la violencia los hace reconocidos, respetados y moralmente prestigiosos, también les da beneficios materiales. Ser de la barra es una fuente de contactos que pueden servir tanto para conseguir trabajos como para hacerse de un buen abogado a la hora de afrontar un juicio. Los saberes de los barras como aguantadores se conforman en una útil herramienta de interacción con políticos, dirigentes de los clubes, vecinos, jugadores, policía, etc. Con todos se relacionan de formas variadas. En esas relaciones, ser un barra les permite, por ejemplo, conseguir trabajo en un sindicato o hacerse de carne para un asado con el comerciante del barrio a cambio de ciertos favores. Aguantársela les permite ser seguridad en un acto político o garantes de la tranquilidad en el barrio, ya que los vecinos afirman que mientras “la barra” está ahí no hay robos.

Acá podemos ver que la lógica de la violencia nada tiene que ver con la locura. Las barras compiten en un ranking imaginario del aguante en el que deben demostrar ante grupos rivales quién se la “aguanta más”. Aparecer en la televisión peleando contra la policía o contra un hincha rival, irrumpir en una fotografía en la prensa gráfica luchando a golpes de puño, no es para ellos un descrédito, sino que posibilita entrar en la competencia de ese preciado bien: “el aguante”. Este se forja como una señal de pertenencia que, en algunas circunstancias, debe ser mostrado.

Ahora bien, exhibir las acciones sociales de la barra como productos de una rica y compleja construcción cultural, contracara de una mirada que estigmatiza y prejuzga, no significa, en lo más mínimo, que estas acciones sociales sean buenas. Conocer la lógica de la violencia permite tener herramientas para trabajar en la prevención de estos hechos.

* Sociologo, autor del libro “Haciendo amigos a las piñas. Violencia y redes sociales en una hinchada de fútbol”.

Fuente: revista veintitres



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