19
Nov
08

Visión positiva sobre los barrabravas

Uno de los mayores atractivos del deporte rey son las gradas de los estadios. No nos engañemos, todo este circo está montado alrededor de nosotros, de todos aquellos que somos aficionados al fútbol, de todos y cada uno de los individuos que consumen ese producto. Y es que si nadie le importara esta cuestión, si de este tinglado nadie sacara beneficio ni sería un negocio ni sería circo, podría ser un deporte pero como lo es la petanca.

Alumni,primer gran club que parieron los potreros argentinos.

Sí es un deporte, y no está de más recordarlo, en esta época donde el merchandising y el marketing fagocita sin escrúpulos los valores y las tradiciones que lo forjaron. Y nosotros somos los mayores culpables, en parte, de esta realidad. Nuestra ansia de saber más, de tener más, de ver más fútbol hizo que en su momento se pasara, en las primeras décadas del S.XX del amateurismo al profesionalismo. Ya no se jugaba para defender el honor del barrio, de la fábrica o del país, ahora sólo se jugaba para ganarse la vida, se goleaba para ganar más pesetas, se tiraba a puerta para engordar la cuenta de libras, no se defendía por el área sino para ganar los pesos que se guardaban bajo el colchón. Y todo porque la demanda de fútbol superaba en su momento la oferta que había, y se le dio tanta importancia a todos aquellos que participaban en él, que de se el héroe del barrio pasaban a ser algunos jugadores los héroes del país, o los ídolos del planeta.

Foto de familia del Five Ways Old Edwardians FC fechada en 1892. Modestísimo club de fútbol de la ciudad de Birmingham
que a día de hoy pervive.

Una de las razones que motivó este cambio, fue la pasión que desató este deporte tanto en los propios jugadores como en todos aquellos espectadores que en un principio ocupan la bandas alrededor del campo, y con el tiempo, y con el aumento de la concurrencia del respetable fueron poblando las modestas gradas de tablones de madera que se construyeron para así poder ubicarles, darles asiento y comodidad y de paso, cobrarles la entrada a los incipientes recintos deportivos que no eran otra cosa que unas explanadas de pasto (en los mejores casos) o de tierra a la que se acotaban con arcaicas vallas para evitar la mirada de los curiosos.

Stadio Filadelfia el primer hogar del Torino FC en su año de innaguración (1927).

Lamento haberme retrotraído tanto en el tiempo, pero creo que era necesario para entender algunas de las consecuencias que ahora todos vivimos. La pregunta que quizás algunos les corroe en este momento es si este artículo será magnánimo con esta forma de vivir el fútbol, o por contrario seré duro en la crítica y desacreditación de esta realidad de nuestro tiempo.

Afición de la Fiorentina

Vayamos por partes. ¿Puede tener una barra brava, un grupo ultra, unos tifosi o unos hooligans algo positivo?. Sí pueden, y es más, lo tienen.

Imagen del partido de vuelta de Copa del Rey entre Sevilla y Betis
jugado a puerta cerrada en el Coliseum Alfonso Pérez.

No es lo mismo asistir a un partido de fútbol donde las gradas estén desiertas, que se vea más gris y cemento (permítanme la licencia de frase antigua y hecha) que un estadio repleto hasta la bandera de un público ávido por ser testigo de un espectáculo que ya quisieran muchas de las mayores y más reconocidas óperas del planeta tener. Pero la importancia de la barra brava o del grupo ultra no sólo radica en su presencia que en sí no la diferencia del resto de público, sino que “participa activamente” en el desarrollo del partido. Estarán los 90 minutos catando (el hit parade de la gradas es muy diverso, a veces increíblemente ingenioso, y otras por contra barriobajero y soez), salntando, tifando, sacando a relucir sus banderas y bufandas, etc…

Frente Atlético (Atlético de Madrid)

Una de las cosas más importantes que aportan (y para algunos casi la única) es que son el actor principal del Carnaval que se da en las gradas, y que gracias a ellos muchas veces, se puede decir que en tal estadio hubo ambiente de fútbol. Aportan colorido, con sus tifos, banderas, trapos, la amplia mayoría de sus miembros vestidos con la camiseta del equipo, etc… Aportan también vida, movimiento en la grada, con los juegos de palmas, con sus saltos y sus “coreografías conjuntas” ante la pasividad presente normalmente en el resto del estadio.

La desaparecida Fossa dei Leoni (AC Milan)

Pero su labor no acaba ahí, son con amplia diferencia los primeros en demostrar su fidelidad y amor a su club, a su escudo y a esa camiseta que visten con orgullo. Y suelen ser los últimos cuando en los malos tiempos, en el que el club se pueda encontrar inmerso en una crisis deportiva, dan el brazo a torcer, siempre animarán a su equipo durante el partido incluso perdiendo estrepitosamente en casa.

Ultras Sur (Real Madrid CF)

Otra lectura positiva que se le puede dar es la confraternización que pueden llegar a alcanzar diferentes grupos entre sí tantos de diferentes regiones del mismo país e incluso de otros países. Creando redes donde se intercambian material e información, e incluso, como ya se ha dado algún caso, dan pie a que los clubes de ambos grupos de aficiones estrechen sus lazos.

Fuente: Futbol in Blog
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