29
Dic
08

Crónica de un año escapando de la justicia

La cacería terminó. El miércoles 24, en el mediodía europeo, en Ostia, un pueblito ubicado a 50 kilómetros de Roma, un grupo de Carabinieri italianos, miembros de Interpol y policías de Conductas Delictivas de la Federal atraparon a Ariel Luna, el Colo, el autor material del crimen de Gonzalo Acro tal como él confesó en un video que envió en exclusiva a Olé el mes pasado. Y habrá que convenir con Freud que el complejo de Edipo es de raigambre universal: Luna cayó cuando decidió instalarse en el lugar donde tenía una base su madre, que había estado presa hasta hace poco en Italia, por narcotráfico. Como se ve, una familia muy normal.
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El increíble derrotero de Luna desde que el juez Luis Rodríguez ordenó su captura el 2/11/07 hasta su caída, marca los contactos y su lugar destacado en el mapa delictivo. Primero se profugó en la costa argentina, en Santa Teresita. Ahí, la Federal estuvo a horas de atraparlo pero alguien le vendió el dato y pudo saltar hasta Cuyo y cruzar a Chile desde el paso Agua Negra. ¿Cómo lo hizo si tenía un pedido de detención? Porque además de variar su fisonomía, el Colo Luna era el hombre de las mil identidades: en el último tiempo llegó a usar cuatro pasaportes distintos, tres de ellos comunitarios. Por eso, sus entradas y salidas del país no quedaron jamás registradas.

Pensando que si una vez estuvieron a punto de agarrarlo, la segunda sería la vencida, Luna junto a su mujer y su hijo de tres años huyó a España, donde ya había estado preso en 2004 y donde tenía un documento a nombre de Sebastián Darío Gil. Allí, paró en un barrio latino a 40 kilómetros de Barcelona y en pocos días armó una banda delictiva para robar joyerías, que estaba interconectada con la famosa banda de Los Cordobeses que era leyenda en la Madre Patria por sus salideras bancarias, otra de las especialidades que Luna había cultivado en la Argentina.

Con otros cinco delincuentes, el Colo, ahora bajo la identidad de Gómez Canosa, protagonizó tres resonantes asaltos a joyerías de Barcelona. Pero en el último algo salió mal y tres de sus compinches cayeron presos, entre ellos El Gordo, alguien que según dicen, “le iba a arrastrar problemas”. Desde ese momento, Luna supo que sus días en España estaban contados. Y supo bien: la data llegó al juzgado de Rodríguez, quien el 29/10/08 le pidió al jefe de la Federal que mandara una brigada para allá. Pero no obtuvo respuesta. Y ahí sobrevino el segundo error: la entrega del video el 26/11 a Olé, con su confesión. La Policía sintió que le mojaban la oreja y ante el nuevo pedido del juzgado, mandó una brigada a Barcelona. Ahí vieron los videos de los robos a las joyerías y reconocieron a Luna. Cada vez había más datos. Alguien filtró un celular que usaba y lo interfirieron: en una escucha, Luna admitió haber hecho aquel video por “500.000 razones”. Pero cuando quisieron agarrarlo en España, el hombre ya no estaba: había huido hacia Mali, un pequeño país africano considerado el paraíso del contrabando.

Allí, Luna movió otros contactos. Su meta era instalarse en Italia y armar otra banda. Y creía que la gente con la que trataba allá mami, que ahora vivía en Buenos Aires pero había estado presa por drogas en la península, podía ayudarlo. En pocos días llegó el okey y se mudó a Ostia, un suburbio de Roma. Pero su suerte estaba casi echada. Y la moneda terminó de pintar el traje a rayas cuando realizó por Western Union hacia Buenos Aires, un nuevo envío de dinero y una playstation para su hijo mayor. Si bien era su modalidad habitual de correo, en España lo hacía desde diversos puntos y con distintas identidades. Esta vez lo hizo desde una oficina muy cercana a su paraje en Italia. Su destino estaba sellado. A eso se le sumó un nuevo ingrediente: un llamado a la madre, desde el teléfono intervenido, para contarle las “buenas nuevas” e invitarla a integrarse a él en Italia, total con pasaporte nuevo aquel delito por drogas de meses atrás no iba a saltar. Y dejó sus coordenadas. Detenerlo era cuestión de horas. El juzgado y la Federal se pusieron de acuerdo y en la madrugada del domingo otra brigada de Conductas Delictivas viajó hacia allá. Hicieron rápido contacto con Interpol y los Carabinieri, y a las 12,30 del miércoles 24, el Colo Luna y su mujer caían presos. Ambos tenían pasaportes comunitarios falsificados. El a nombre de Francisco Martínez Rivera. Ella, María Paulina Intriago. Su larga fuga había terminado. Ahora empezarán los trámites de extradición para traerlo al país. Pero el autor material del crimen de Gonzalo Acro, ya está entre rejas.

Fuente: Olé
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