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May
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El enemigo de la barra está en la misma barra

El enemigo ahora tiene los mismos colores. La lógica de la violencia en el fútbol ha cambiado. Del enfrentamiento entre barras de distintos equipos se ha pasado directamente al choque interno entre grupos del mismo club. El fenómeno creció abruptamente en los últimos cuatro años, lapso en el que se produjeron diez muertes por las disputas entre miembros de una misma banda, cuatro de ellas este año. También existe un desplazamiento geográfico y temporal. Esto es: ya no ocurren en la zona del estadio ni el día del partido. Así lo refleja un trabajo realizado por el departamento de investigaciones de la ONG Salvemos al Fútbol, a cargo de los sociólogos Santiago Uliana, Diego Murzi y Sebastián Sustas, quienes ya elaboraron dos informes estadísticos con resultados que conforman un nuevo mapa de la violencia en el fútbol.

Cap08

La última investigación publicada se tituló “El fenómeno de las muertes entre miembros de la misma hinchada”. Allí, el trío de sociólogos graduados en la Universidad de Buenos Aires no llegó a contemplar dos crímenes ocurridos en las últimas semanas: el de Darío Iramaín, hincha Sportivo Norte, de la Liga Rafaelina, apuñalado en la tribuna durante un partido, y el de Fernando Labriola, un barra de Excursionistas asesinado en Belgrano en el marco de una interna de su hinchada. Los dos casos presentan las características del cambio en los hechos violencia.

“Lo que queremos –dice Uliana– es generar estadística, que es lo que te permite ver el fenómeno de otra manera”. El trabajo tiene como marco las muertes sucedidas desde 1967, cuando asesinaron a Héctor Souto en Huracán, considerado por algunos trabajos como un hecho que marca la aparición de la violencia en el fútbol tal como se la conoce hoy.

Con 144 casos cuantificados –los últimos dos, como se explicó, no se tomaron–, los sociólogos detectaron que si bien el 47% de las muertes ocurrieron por enfrentamiento entre dos hinchadas antagónicas, en un 19% intervino una tercera hinchada, es decir, gente de un equipo que no jugaba el partido. La represión policial fue la causa del 13% de las muertes, mientras que el 10% se produjo por choques entre miembros de una misma barra. Un 11% se dio en diferentes situaciones, por lo que se las englobó en la categoría “otra”.

El 10% de muertos por las internas de las bandas no parece demasiado pero, sin embargo, toma trascendencia porque creció notablemente en los últimos cuatro años, cuando se produjeron diez muertes. Además, según explican los sociólogos, hay un traslado geográfico y temporal de la violencia: el 44% de los asesinatos ocurrieron en otro lugar, alejado del estadio, mientras que el 37% de los casos sucedió en un día distinto al del partido. El crimen de Gonzalo Acro (barrabrava de River), en ese sentido es un ejemplo: un día de semana, en Villa Urquiza.

“Las medidas que el Estado toma en relación al lugar del estadio, con mayor control, mayor represión, van a contramano de esto. En los últimos años, las muertes no bajan, suceden a más cuadras de la cancha y en otros momentos”, sostiene Uliana. Y se pregunta: “¿Es una solución militarizar y hacer del estadio un lugar de máximo control y seguridad para que las muertes sucedan a 40 cuadras o tres días después del partido?”.

“En este fenómeno –explica Sustas– no está identificado el otro como hincha de otro cuadro. Lo que hay es una lógica de violencia que manejan internamente. Y los organismos policiales, así como los medios de comunicación, sólo ven la violencia como una pelea entre dos oponentes”. Y Murzi agrega: “Ya no importa que uno defienda a un equipo y otro a otro, sino demostrar posiciones de poder”.

–¿Cómo sería la opción a las medidas represivas?

–Una de nuestras propuestas es generar pulmones de convivencia, con control, donde se ubiquen hinchas de los distintos equipos. Sería un buen ejemplo –responde Uliana.

–También hay que pensar en el confort del espectador –agrega Murzi.

–Y en cuanto a las hinchadas, hay que buscar el diálogo. En Brasil están las torcidas organizadas, que son espacios más institucionalizados. Uno no puede pensar el problema en apartar –sigue Uliana.

–Con esa lógica de la exclusión, lo que se pierde es la cultura popular del fútbol. Y uno no puede llevarse puesta la cultura popular por una visión ideológica de la violencia –cierra Sustas.

Fuente: Crítica Digital
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