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Tiros a la casa de Adrián after emboscada del playón

La guerra de los tiros libres (8/5/2007 – Olé)

En el frente quedaron las muestras del violento ataque, un nuevo capítulo de esta interna sangrienta entre Los Borrachos del Tablón.

En el frente quedaron las muestras del violento ataque, un nuevo capítulo de esta interna sangrienta entre Los Borrachos del Tablón.

La crónica de un enfrentamiento anunciado no pudo ser parada el domingo. Y de casualidad no hubo que lamentar víctimas fatales. Ojalá las miguitas que como Hansel y Gretel van dejando Alan y Adrián sean suficientes para que la Policía esta vez prevenga: la guerra de Los Borrachos no sólo no llegó a su fin sino que amenaza con tener otro capítulo extremo esta semana. Los siete balazos que ayer a la madrugada estallaron en el frente de la casa de Adrián Rousseau, en Altolaguirre al 3500, Villa Urquiza, fueron sólo un episodio menor de un encuentro pactado para dirimir, de una vez por todas, la interna. La primera idea era hacerlo antes del sábado en Parque Saavedra, donde terminaron con la oposición de la banda del Turco del Oeste cuando estaban juntos. Pero ahora se habla de que el domingo, tras el partido contra San Lorenzo y detrás del estadio de River, se llevaría a cabo la batalla que muchos vaticinan como la última. Tanto es así, que fuentes confiables de la barra  comentaron que el grupo de Adrián está velando las armas compradas diez días atrás en Villa Soldati y utilizadas, parcialmente, el domingo. Porque muchos testigos de lo ocurrido confirmaron que en la zona del puente Angel Amadeo Labruna se escucharon, al menos, una docena de disparos de armas de fuego, lo que provocó la estampida inicial del grupo de Alan que perdió, en la pelea, tres bombos y dos bolsones con varias banderas que pertenecen a la barra.

En la pelea participó un grupo de la barra de Italiano, comandado por el pelado Beto, amigo de Adrián y con peso en la zona de Hurlingham, lugar del que también trajo varias “piernas”, como le dicen en la jerga. Cerca de Alan aseguran que la emboscada tuvo complicidad policial. Lo cierto es que en la zona del puente siempre hay como mínimo y hasta la desconcentración total de la gente, 30 hombres de Infantería que esta vez brillaron por su ausencia. Y algunos hasta insinúan que en el grupo de Adrián habría gente con conexiones con la Bonaerense y que a partir de ello consiguieron manos de obra desocupada para llevar a la pelea. Una pelea que no tuvo a los líderes del grupo de Alan en la refriega, porque éstos estaban a unas seis cuadras de donde se produjeron los hechos. Y que dejó un saldo de ocho heridos en total por armas blancas, tres de mayor gravedad. Uno de estos últimos es Carlos Berón, alias Urko. ¿Quién es Urko? Uno de los máximos capos de la banda de Palermo, junto con Kevin. Y es temido en la hinchada porque, dicen, su prontuario policial lo amerita. Es más: todas las fuentes consultadas le confirmaron que fue tropa de Palermo la que en dos motos fue a balear de madrugada la casa de Alan.

Ahora bien, ¿por qué se pelean? Por un súper botín. En la barra se estima que sólo en efectivo los líderes estaban recaudando hasta febrero casi 100.000 pesos mensuales. El negocio de la reventa de entradas, merchandising de Los Borrachos, peaje a los concesionarios que quieren trabajar en el Monumental, los cuidacoches en días de partido y demás, dejaban grandes billetes en los bolsillos de los violentos. A eso hay que sumarle que desde la gresca en los quinchos, 12 miembros de la barra perdieron su trabajo en el club, que tal como lo demostró una investigación de Olé era muy bien remunerado: había barras que cobraban hasta seis mil pesos por mes. Por eso el dinero es el eje del conflicto, por más que todos acuerdan en que el grupo de Rousseau había ido con la premisa de recuperar dos banderas emblemáticas: la argentina que dice Los Borrachos del Tablón y una blanca con la misma inscripción en letras rojas y góticas. Esas estaban dentro del grupo de insignias que cuando Alan se quedó con la barra, fue a pedirlas a la casa de Fernandito, el que las guardaba. Pero sabiendo lo que implicaba mostrarlas, las tuvieron guardadas hasta hace una fecha, cuando hicieron gala de su poder. Entre eso, los despidos de su propia tropa y la necesidad de recuperar el mando, Rousseau tomó una decisión que se le vendrá como un boomerang: si hasta el domingo mucha gente decía que cuando él estaba no había robos en la popular ni violencia contra los hinchas, ahora la situación cambió y ambos grupos quedaron en el ojo de la tormenta.

Así las cosas, la dirigencia del club y el Estado parecen tener una oportunidad única para desembarazarse de estos delincuentes que sumaron un poder inaudito dentro de River. Habrá que ver hasta dónde se quiere avanzar. Hay videos y también hombres que saben todo lo ocurrido en este tiempo. Los capos del grupo de Alan ya le dijeron a Olé que, aunque sean citados a declarar, no darán los nombres de los agresores. Porque eso, remarcan, se arregla de otra forma. A los tiros. Como seguirá ocurriendo mientras la sociedad no les ponga un freno.

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