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El libro de mamá

En el mismo instante que Alan y William Schlenker, los ex líderes de la barra brava de River Plate, viajaban hacia la prisión, su madre, Alejandra Belmartino, emprendió una cruzada personal para intentar dar con “los verdaderos autores intelectuales” de la emboscada que terminó con la vida de Gonzalo Acro en la madrugada del 6 de agosto de 2007. Fueron dos años en que los Schlenker permanecieron en la cárcel, hasta que en noviembre pasado, previo pago de una fianza de 300 mil pesos, consiguieron esperar el juicio oral en libertad. Mientras tanto, Belmartino, abogada, no cesó en sus intentos de culpar a Adrián Rousseau y a José María Aguilar por la suerte de sus hijos.

“Ellos no tienen la pasta para mandar a matar a nadie. Siempre pensé que detrás de este asesinato hay algo más. Nuestra familia no se compone de delincuentes”, sostiene Belmartino, quien acaba de publicar Hincha o barrabrava, trabajo dedicado “a la mafia deportiva, judicial y ministerial que rodea al fútbol argentino”. Sin embargo, desde que salieron del penal de Marcos Paz, Alan y William no quieren saber nada con las investigaciones de su madre. “No tengo contacto con ellos desde hace un año –admite Belmartino–. Cuando los iba a ver a la cárcel me decían que me callara.
Me pareció algo anormal porque pese a que estaban perjudicados, no querían ventilar lo que yo iba investigando. Me pidieron que no los visitara por un tiempo, y desde que salieron de la cárcel ni me hablan, están enojados conmigo.”

–¿Por qué?

–Dicen que todo lo que supongo es mentira. Ya en libertad me amenazaron para que me callara. Para mí hay dos posibilidades: o están amenazados o son iguales a los demás.
En toda familia hay rencillas y rencores, pero en este caso quizá también juegue la forma en que la mujer da a conocer sus “investigaciones”. El libro, si sirve de ejemplo, es un compendio incomprensible de notas sueltas como las que cualquiera podría tomar en medio de un ejercicio de suposiciones, y hay varias páginas destinadas a “escuchas telefónicas” –que no se sabe quién ordenó ni cómo llegaron a poder de Belmartino, quien acota sus ideas al margen– entre dirigentes deportivos, ministros, jueces y la Casa Rosada. Nada ni nadie queda libre de sospecha en ese manual de acusaciones en el que habla de asociaciones ilícitas, pide pericia psiquiátrica a un juez, relaciona la muerte de Acro con la efedrina y vislumbra mafias por doquier.

Tan intrincado es ese mundo de Belmartino, que ella misma cae en contradicciones: “La fianza la aportó mi madre a través de un inmueble, tiene 79 años y desde que salió de prisión, Alan le pide que ponga a su nombre los campos que tenemos en Córdoba. No estoy dispuesta a darle mis bienes a la mafia que rodea a mis hijos. Si tienen deudas que las blanqueen ante el Tribunal Oral en lo Criminal 15”.

–¿La cárcel le devolvió otros hijos?

–No son los que yo conocí, que trabajaban en el campo y amaban la naturaleza. No sé qué los transformó. Alguien los extorsiona y ellos, como no pueden conmigo, extorsionan a mi madre. Venga de la mafia o de mis hijos, no estoy dispuesta a ceder.

–¿Qué la motivó a escribir el libro?

–Se lo debía a muchas personas que sufrieron amenazas en estos años y que provenían del entorno de Rousseau y Aguilar. En el fútbol hay una mafia judicial anexa que ayuda a conspirar a favor de los barras y de los dirigentes que están detrás. La única pelotuda que desconocía todo lo que pasaba en el mundo de River era yo.

Durante los dos años que estuvieron en el penal, los hermanos Schlenker compartieron una celda aislada del resto. Las visitas que recibieron fueron escasas y no contaron con los privilegios del cabecilla de la barra brava de Boca, Rafael Di Zeo, en la cárcel de Ezeiza. La estadía en prisión no sólo los dejó peleados con su madre sino que, además, la relación entre ellos raya con la enemistad. William no le perdona a Alan, su hermano mayor, la alta exposición pública cuando era el líder de “Los Borrachos del Tablón”, un hecho que alteró la interna de la barra y terminó en el asesinato de Acro. William emprendió una huelga de hambre, perdió cuarenta kilos y debió ser internado. Cuando regresó a la celda que compartía con Alan, la relación se tornó imposible y terminó a trompadas. “William es muy distinto a Alan, tiene otro carácter. No tenía influencia en la barra y si bien los dos son inocentes, pagó por ser el hermano menor. La misma suerte corrió Martín Lococo, eran hinchas de River como cualquier otro, pero como es un club de mafiosos, salieron perjudicados”, explica la madre de los Schlenker.

Según Belmartino, los responsables del asesinato de Acro pertenecen “a la fracción de ‘Palermo’, a raíz de la pelea que se dio en el playón del Monumental cuando el grupo de Adrián Rousseau y Acro les arrebató las banderas y los bombos. Ahí hubo complicidad policial pero nadie lo dijo. Acro murió por causas que permanecen ocultas”. Para abonar esa teoría, señala que “en esa época el club tenía varias causas de lavado de dinero mediante la venta de jugadores. De esas operaciones, un porcentaje iba a paraísos fiscales. La puja fue por quién se quedaba con ese dinero. El juez Rodríguez, que investigó varias de las causas, terminó favoreciendo a Aguilar, quien hasta el día de hoy está libre de culpa y cargo”.

Recluido en la localidad de Jovita, Córdoba, Alan guarda silencio a la espera del juicio oral que se realizará este año, en el que también están procesados Martín “Pluto” Lococo, Sergio Piñeyro y Ariel “Colo” Luna, principal sospechoso de ser el autor material del ataque. La Justicia le endilga a la fracción de los Schlenker, quienes no se encontraban en el lugar del hecho, la autoría intelectual del asesinato de Acro.

“Mis hijos jamás mandarían a matar a nadie –sostiene Belmartino–. Alan es un chico muy inteligente, piloto de avión, apicultor, si hubiera programado una muerte tendría una coartada que no sería estar dando vueltas en un auto con amigos sino haber viajado a Córdoba o hacerse ver en un restaurante. Tan pelotudo no es. Estuvieron presos, entre otras cosas, porque Alan era del riñón del club y tenía futuro presidenciable.”

Con esa idea, la madre de los Schlenker tejió un entramado de conspiraciones que involucra, incluso, a los abogados de sus hijos. No parece casual el enojo entre ellos.

Fuente: Veintitrés
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