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A los tiros en la misa

Después de una misa en memoria de Gonzalo Acro, dos fracciones de la barra de River se tirotearon a metros del Monumental: hubo un herido.

Son las ocho y media de la noche y el embotellamiento en Figueroa Alcorta y Udaondo es más grave de lo normal. Cualquier automovilista distraído podría suponer que se adelantó el recital de esta noche de Paul Mc Cartney y por eso nadie avanza. Pero la razón es otra y se descubre rápido cuando suena un estruendo, después otro y otro más. Así hasta contar hasta diez. No son caños de escape intentando acelerar sino tiros que surcan el aire del Monumental. En una esquina emblemática de la ciudad y del Mundo River, Los Borrachos del Tablón están dirimiendo su interna a puro disparo. Una locura que sólo puede entenderse en el ámbito de la impunidad con que se mueven los barras, cuya banca dirigencial y policial ya es desvergonzada. No hubo un muerto de milagro, aunque sí un herido que fue cargado en un auto último modelo y llevado raudamente hacia Provincia. A menos de una semana del superclásico, la guerra por la tribuna Millonaria tuvo otro capítulo sangriento y a esta altura, todo indica que si nadie la para, habrá que lamentar otro muerto. Como Gonzalo Acro, de cuyo crimen se cumplieron, justo ayer, tres años y tres meses. Y a la salida de una misa en su memoria, sucedió lo que nadie, parece, quiere evitar.

La historia del nuevo enfrentamiento comenzó temprano. El grupo de Los Patovicas de Hurlingham, raleado de la popular por una alianza entre la barra oficial, la dirigencia y la Policía que sólo a este bando le aplica el derecho de admisión, está decidido a volver a la tribuna. El fin de semana pasado hicieron un intento. Como el Turco Stambuli, de Fuerte Apache, ex capo hasta 2002 y aliado a los Patovicas, tiene predicamento también en la zona de Floresta, la idea era copar la cancha de All Boys. Pero el dato se filtró y antes que partieran de Ciudadela, el domingo al mediodía, la Policía hizo una redada y les impidió cruzar a Capital. La cercanía del superclásico y los tres recitales de esta semana (dos de Mc Cartney, uno de Jonas Brothers) que dejan exorbitantes ganancias en reventa de entradas, estacionamiento, merchandising trucho y demás, cebó los ánimos de los barras. Y una vez que se agotaron las entradas en la tarde de ayer y viéndose afuera de todo, quisieron ir a dar una muestra de su poder. Tenían el dato de que en la Iglesia que está sobre Udaondo, a cuadra y media del Monumental, habría una misa en memoria de Gonzalo. No la oficial, que hace la familia que no quiere saber nada con los barras, sino una paralela que organizan Caverna, Martín de Ramos y Joe, el trípode que hoy maneja a Los Borrachos del Tablón. La misma sería a las siete. Por eso, 15 integrantes de la banda de Hurlingham se apostaron en la esquina de Bavio y Agote, en pleno barrio River, a esperar a sus rivales. Y cuando los 22 miembros de primera línea de la barra oficial salieron, fueron en su búsqueda. La corrida empezó por Agote y siguió por Betbeder hasta Figueroa Alcorta. Ahí, uno de los capos de la barra oficial, cercado, decidió que era hora de usar su arma. Sacó una pistola e hizo siete disparos que aterrorizaron al barrio. Policías de la comisaría 51 llegaron al instante y, como siempre sucede, no lograron detener a nadie. A las nueve menos veinte, el tránsito se liberó. Por suerte, no hubo que lamentar víctimas fatales. Pero a este ritmo, no se sabe hasta cuando la diosa fortuna estará de este lado.

La hipótesis del enfrentamiento tiene, según quien la cuenta, dos caras. La barra oficial asegura que los de Hurlingham están jugados, son violentos y por eso, el club y la Policía no los quiere. Los Patovicas dicen lo contrario: que como la Justicia estaba a punto de fallar a favor de ellos en un amparo contra el derecho de admisión, lo de ayer fue una cama que les hizo un infiltrado para dejarlos otra vez expuestos y que no se les permita volver a la cancha. Una u otra opción es, a todas luces, inadmisible: hay que ralear de una vez a todos los delincuentes para que el fútbol vuelva a ser un espectáculo de los genuinos hinchas. Pero mientras el Estado y la dirigencia no lo entiendan, habrá que seguir rezando para que los tiros pasen cerca, pero no lo peguen a nadie.

fuente:  olé
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