16
Mar
11

El cuarto intermedio

William tampoco habló con la prensa, al igual que Alan.

William tampoco habló con la prensa, al igual que Alan.

Olé presenció las dos horas del juicio cerca del padre de Acro y los acusados. Las caras, los silencios…

Están juntos, sin mirarse, en un rincón. William tiene una campera beige, unos lentes al cuello y el gesto del que espera, desafiante, para actuar. La mayoría del juicio se lo verá quieto pero tenso, sólo escuchando, mientras Alan se moverá nervioso, se distraerá mirando a un lado y luego a otro, acaso buscando algo -una palabra, un guiño- que le dé tranquilidad. Cada tanto hojea el Código Procesal Penal de la Nación, pide unas carpetas, le da charla a su abogado. A la izquierda de William, Pluto Lococo parece achicarse cada vez más.

El juicio dura, con intervalos, dos horas.

Olé está ahí. En el rincón opuesto al de los Schlenker, Alberto Acro ni se inmuta. El silencio es más fuerte que cualquier voz. El juez tiene que ordenar el primer cuarto intermedio para que la tensión al fin se ablande, para que Salvador Heredia, abogado de Ariel Luna, pregunte cuál era “esa batalla, che”, y William se pare, enorme, para contestar: “La de Oriente Petrolero”. “Pero ésa prescribió -le dice Heredia-. ¿Cómo hizo Rousseau para salvarse de tantas causas?”. Y William, recio: “José María…”. El apellido hubiera estado de más.

“Muchachos… -insiste Heredia en otro receso- si acá no nos ponemos fuertes van a hacer lo que quieran, ¿eh? A los abogados les digo: pongámonos fuertes, che, o esto ya está todo cocinado”.

A la derecha del Tribunal, Ariel Luna, Sergio Piñeiro y Rubén Pintos se ven iguales: inmóviles, sin pestañear. Luna y Piñeiro parecen más apretados en sus trajes. A todos los esposan en cada intervalo antes de retirarlos del lugar. Sólo a William se lo ve firme, entero, como si tuviera una respuesta victoriosa cuando caiga la palabra final.

“A Luna le ofrecieron 600 mil pesos para hacerse cargo de esto”

El abogado de Luna dijo que el Colo se adjudicó el crimen por un dinero que, al final, no cobró.

El 25/11/08, un sobre anónimo llegó al diario. Adentro había un video. Apenas la videocasetera hizo play, la sorpresa fue mayúscula: Ariel Luna, desde la clandestinidad, confesaba el crimen de Gonzalo Acro. Allí el Colo decía: “Nadie armó nada. Empezaba el torneo y todos estábamos viendo qué hacía el otro grupo. Nos enteramos de que se juntaban cerca de la casa de Adrián y que algunos entrenaban en un gimnasio de Villa Urquiza. Esa noche fuimos a lo de Rousseau y después al gimnasio. Yo me quedé en la esquina y vi venir a dos. Uno era Gonzalo. Discutimos, me tiró una trompada, yo saqué el arma. La tenía apuntando hacia abajo, forcejeamos y cuando la otra persona (por Matera) me la quiere sacar, pasó lo que pasó”.

Después, al momento de declarar ante la Justicia, Luna obvió el video y se despegó del homicidio, diciendo que el autor había sido otro barra, Wimpy, del quien nunca se escuchó hablar en River. Ayer, a la salida de Tribunales, su abogado, Salvador Heredia, volvió sobre el tema: “El no fue. Ese video lo hizo engañado. Le ofrecieron 600 mil pesos para hacerse cargo de todo, y después no le pagaron. Le hicieron una cama”, aseguró. Y remató: “Cuando llegue el momento, dará el nombre de quién armó eso”. Claro que Luna enfrenta una prueba mucho mayor: Gastón Matera, herido en el hecho, declaró que Luna fue el asesino. Y lo hizo convencido.

“Gonzalo nos dijo: ‘si me pasa algo, es culpa de Alan’”

El papá de Gonzalo, a la puerta del Tribunal Oral Criminal 15, tras presenciar el juicio.

El papá de Gonzalo, a la puerta del Tribunal Oral Criminal 15, tras presenciar el juicio.

Alberto Acro, padre de la víctima, aseguró que el hermano mayor de los Schlenker “lo mandó a matar” y que ahora “presionan testigos” al estar en libertad.

Alberto Acro no sabe cómo ha empezado todo esto y tampoco sabe cómo va a terminar. Le cuenta a Olé que fue él “quien llevaba a Gonzalo a la cancha, de chiquito, pero luego no, ya no más”, y es entonces cuando se abre el paréntesis, la inesperada nebulosa que “nos llevó a esta situación”. Esta situación fue el asesinato de su hijo, tres años atrás. Alberto Acro habla seguro, tranquilo, pese al doloroso momento y los micrófonos que se aprietan en su mentón. Sólo se detiene una vez, cuando Olé lo aparta a solas y le pregunta qué hacía Acro con esos barras. “Nunca supe cómo era la relación, cómo se habían conocido, no, no lo sé. ¿O vos le contás todo lo que hacés a tu papá?”, endurece la voz, recio, a la puerta del Tribunal.

-Le pregunto para saber si intuía algún peligro.

-(cortante) No, no… Gonzalo iba a River, era periodista deportivo… Cuando lo mataron tenía 29 años… No sé, no lo sé…

-Rousseau se jactaba de ser amigo de Acro.

-No, no… No era nada, ni amigo, ni nada… Rousseau es una hiena, como Alan. Eran los que se repartían el dinero grande de River.

-¿Gonzalo le había dicho algo de los Schlenker?

-De Alan. Que era un siniestro. Y que se jactaba de saber cómo hacer el crimen perfecto y que nadie lo descubriera. Gonzalo nos dijo: “Si me pasa algo es culpa de Alan”. Que lo culpemos a él. El día de los quinchos mi hijo estaba en la pileta y William lo sorprendió con un arrebato, una trompada. Y Gonzalo le dio una paliza terrible. Alan entonces no hizo nada, pero a los seis meses lo mandó a matar.

-Se dice que hay un pacto entre los acusados.

-Y ojalá que se rompa. Yo dudo del fiscal, que les dio a los Schlenker una libertad que no les corresponde. Quizá quieran dejarlos libres, nomás. Esta gente presiona testigos, dispone de medios para comprar a cualquiera, así que…

-¿Lo amenazaron?

-Algunas amenazas hubo, sí. No muchas, pero… Igual, una amenaza a mí… No es que sea guapo, pero yo ya estoy muerto.

-¿Qué rol cumplió el ex presidente Aguilar?

-Fue el que se robó toda la plata de River y solventó a los Schlenker y a Rousseau. Primero declaró que no conocía a mi hijo y luego se contradijo. Yo sólo sueño con que los Schlenker vayan presos.

Volvé en unos días

Alan Schlenker al momento de entrar a Tribunales. Está libre, lo mismo que su hermano William, Pluto y Piñeiro.

Alan Schlenker al momento de entrar a Tribunales. Está libre, lo mismo que su hermano William, Pluto y Piñeiro.

“Ellos mienten ahora, como mintieron siermpre”, dijo Alberto Acro. (TN)

Alan, al salir de la audiencia, repatría panfletos que decían “RIver Corzaón”. (C5N)

El Colorado Luna y otros cindo detenidos fueron trasladados al penal.

El juicio por el crimen de Acro largó rengo: se suspendió una semana por pedido de un abogado. Igual, ya comenzaron a verse las estrategias de los siete acusados.

El crimen de Gonzalo Acro lleva 1.317 días impune. Y su familia deberá seguir esperando: el juicio contra los siete acusados de haber organizado y cometido el homicidio (Alan y William Schlenker, Maximiliano Lococo, Sergio Piñeiro, Ariel Luna, Rubén Pintos y Pablo Girón) se pasó una semana, tras el planteo de Jorge Falco, abogado de Cuca Girón, quien planteó que obtuvo el caso hace tres días y en ese tiempo no pudo preparar una defensa acorde al juicio, en una causa que tiene cientos de fojas.

El pedido tiene su base en el código procesal, que dice que el abogado deberá tener diez días al menos para preparar la defensa. Falco asumió después de que Cuca se quedara sin abogado privado y también renunciara el primer letrado que le puso el Estado, que era el mismo que lleva la defensa de Pluto Lococo. Y como ambos tenían estrategias contrapuestas, la defensora planteó la incompatibilidad y así Falco fue designado la semana pasada. Para que se otorgue la postergación fue clave la opinión del fiscal Gustavo Gerlero. ¿Por qué? Porque Falco ya había hecho su pedido por escrito al Tribunal pero éste lo había rechazado. Ahora lo hizo a viva voz y tras el apoyo del fiscal, obtuvo la semana.

En esta primera audiencia también se vio que los jueces Héctor Grieben, Javier Anzoátegui y Hugo Decaría no darán lugar a las chicanas habituales de las defensas: de entrada rechazaron un planteo del abogado de Piñeiro para que no incorporar pruebas de la primera instancia al debate y después hicieron lo mismo con el pedido del abogado de Luna de apartar a la querella porque ésta la encabeza Romina Acro, la hermana de Gonzalo, y no sus padres, como marca el Código de Procedimiento. Pero el Tribunal tuvo en cuenta que éstos cedieron ese derecho por un poder y siguieron adelante.

El debate, ahora, seguirá el miércoles 23. Pero ya se avizoran estrategias. Alan intentará demostrar que no hizo reconocimiento del lugar el día anterior, Piñeiro, que su auto no estuvo en la escena del crimen, William y Pluto que los contactos que tienen con los supuestos autores materiales eran banalidades, lo mismo Cuca y entre Oveja y el Colo está la clave: Pintos le pidió a Luna que diga “su” verdad, que es que fueron sólo a apretarlo y al Colo se le fue la mano. ¿Qué hará? Nadie lo sabe en un juicio que seguro, deparará sorpresas.

fuente: olé
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