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Jun
11

La tristeza no tiene fin

La irrupción de un grupo de barras brava de River en el campo de juego de Belgrano en el barrio Alberdi de Córboba, cuando su equipo ya perdía dos a cero en el primero de los partidos por conservar la categoría, fue un indicio de los problemas del club de Núñez y del fútbol argentino en general desde hace varios años.

Los “borrachos del tablón”, la barra brava, esgrimían sus bombos desde la tribuna amenazadoramente, no alentaban sino insultaban a sus jugadores, a los que suelen “apretar” para obtener dinero fácil con aquiescencia de dirigentes deportivos y políticos, que usan a esos “muchachos” para otras tareas marginales cuando los necesitan.

Practicaron un orificio en el alambrado y en medio del partido irrumpieron en el campo de juego, patearon y empujaron a un par de jugadores y les hicieron señas visibles de que debían “poner huevos”, cosa que habitualmente hacen las gallinas.

Esos delincuentes protagonizaron un hecho gravísimo desde el punto de vista deportivo ante la pasividad de la policía, del árbitro, de los dirigentes y de los propios jugadores, que se limitaron a esperar en una noche muy fría que las cosas volvieran a la normalidad.

Los barras brava han terminado por desvirtuar completamente los espectáculos futbolísticos en la medida en que han ido tomando más y más protagonismo hasta convertirse en grupos de choque dominantes que han hecho retroceder a todos los demás.

En ellos se unen los intereses de los dirigentes, que oscilan ente el uso de mano de obra para trabajos sucios y el temor, los intereses políticos que tienen gente a propósito para usar el tareas especiales, como se vio en los momentos previos a la caida del gobierno de la Alianza, intereses económicos mafiosos de gente habituada a usar armas, a no trabajar y a vivir de la droga que circula en la tribuna y que ellos controlan.

Este hecho, que debió determinar la suspensión del partido, no la produjo porque se trata de “muchachos” que gozan de todo tipo de protección y con los que se debe tener todo tipo de cuidado y atenciones. Los hooligans ingleses, que eran tanto o más violentos que éstos, fueron eliminados porque hubo una decisión de hacerlo; pero entre nosotros no hay tal decisión porque el mal ha llegado demasiado lejos.

Recordamos cómo tantos emperadores romanos fueron destituidos y asesinados por sus propios guardias, tan pronto demoraba la soldada o había algún problema, y pensamos que la historia se repite a su manera: primero con emperadores, luego con burócratas corrompidos.

River Plate, el equipo del fútbol argentino más exitoso del siglo XX entró con mal pie en el siglo XXI, de la mano de José María Aguilar, un dirigente que llegó a vender los jugadores de las divisiones inferiores en masa y sin conocerlos, sólo para superar apuros de dinero que su administración -de la que debería dar cuentas- había provocado.

En estos momentos, después de una serie de malas campañas, tocó fondo y debe disputar la promoción, es decir, discutir con un club de primera B si mantiene la categoría o si desciende.

Desde que el fútbol es profesional, nunca River estuvo en riesgo de descender, lo que no era pensable para clubes grandes en su momento. Hoy no tiene un lugar entero en la A. Hay un sitio para River y Belgrano de Córdoba, uno solo que deben disputar entre ambos. y River, sin equipo competitivo, sin ánimo, sin conducción ni firmeza, perdió el primero de dos partidos dos a cero contra un rival animoso con un par de jugadores interesantes y nada más.

Una muestra de la diferencia temperamental producto de un grupo en animado y fuerte y otro desmoralizado y confundido, son las declaraciones del uruguayo Ribair Rodríguez, jugador de Belgrano: “Mantuvimos una línea de juego agresiva, que es lo que venimos haciendo. Y ahora, de visitante nos vamos a hacer fuertes. Pero todavía no nos vemos ascendidos”, agregó.

Otro jugador de Belgrano, “el Picante” Pereyra, dijo: “Es importante haber ganador, pero falta una batalla más. Y River no deja de ser River. Habrá que jugar con todo para lograr el pasito que falta”. “Se ve que River vive un momento duro, pero no deja de ser River. Uno sabe lo que es jugar estas instancias y entiende lo que les debe estar pasando”, agregó Pereyra.

Por el lado de River, todos los jugadores salieron del estado del barrio Alberdi sin hacer declaraciones, pero antes la televisión mostró al técnico de River, Juan José López, como imagen misma de la pesadumbre, y finalmente con lágrimas en los ojos: impotencia, tristeza, desolación, aun antes de que todo esté dicho en materia deportiva.
Tras la derrota de River la noticia del triunfo de Belgrano, repercutió en todo el mundo. Sobre todo en los medios de España, seguidores del fútbol argentino.
“La tragedia se cierne sobre River Plate. La derrota en el partido de ida de la promoción ante Belgrano (2-0) pone a los pupilos de Juan J. López al borde del descenso”, escribió el diario deportivo Marca.

“River masca la tragedia”, es el título del diario AS. “El partido estuvo 20 minutos suspendido tras una invasión de campo. Una mano de Román puso de cara el partido para Belgrano”.

En El Mundo, también de España, pusieron la noticia en tapa. “River al borde del descenso”, titulan. En el Brasil, el diario deportivo Globoesporte dice: “Assim, vai cair”.
La oposición interna no ayuda o ayuda poco a salvar este momento, increíble hasta hace poco al menos en River: técnicos anteriores opinaron que no se debía cargar a chicos de 19 años con la presión de un partido por el descenso, en franca crítica al técnico actual justo cuando más necesita de todos.

El propio presidente, el ex jugador Daniel Passarella, mostrando una falta de aptitud política extrema, se presentó en una reunión de presidentes de clubes ante el presidente de la AFA, Julio Grondona, para pedirle la renuncia.

Es de esperar que un viejo zorro como Grondona, que con tantos años en el cargo se las sabe todas y forma como una unidad con su asiento presidencial, tal como el centauro era un hombre orgánicamente unido al caballo, use este mal momento de River a su favor, favoreciendo el descenso o neutralizando a un virtual adversario como Passarella con una de sus muchas mañas aprendidas, que sirven para sostenerse a falta de espíritu de estadista que sirva para gobernar.

De todos modos, aun en la B, River es un grande y donde vaya irán multitudes. Ya ha acontecido antes con otros grandes. En un momento en que Racing y Rosario Central estaban en la B, un partido entre ambos en el Gigante de Arroyito reunió a más gente que todos los partidos de la “A” juntos. Algo parecido, un apoyo multitudinario como no conocía desde hacía años, se produjo cuando San Lorenzo se fue al descenso y jugó en la B.

fuente: aimdigital.com.ar
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