Posts Tagged ‘barras bravas

08
Sep
09

Para Colombia, el derecho de admisión funciona

Orlando Sobrado, tiene a cargo el control y garantía de la seguridad en los partidos de fútbol, fue invitado a Colombia por la Policía para hablar del tema y dialogó con EL TIEMPO.

El comisario argentino y de la Policía Federal de ese país es hincha furibundo del Boca Juniors (YUTA=VOSTERO). Su trabajo lo desarrolla en el departamento de prevención de la violencia en el fútbol, que nació en 1993 y tiene dos dependencias: la división de análisis de eventos deportivos y el de investigación de conductas delictivas en espectáculos deportivos, implementado hace seis años.

¿Qué medida les ha resultado eficaz para reducir la violencia?

El derecho de admisión. Los clubes dejan entrar en su casa a los que quieren. Pero hay clubes grandes que no saben qué hace uno de sus hinchas en otro lado. Se hizo un convenio con los clubes, la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), el Ministerio y la Policía para que ese hincha que cometió un hecho acá pueda prohibírsele el ingreso allá.

¿Han recurrido a un veto definitivo para que alguien entre a fútbol?

No hasta ahora. Lo que sí ha sido radical es que en las categorías más bajas, en otras divisiones, para evitar incidentes, se vetó la concurrencia de la parcialidad visitante desde hace un año. A este punto llegamos pero se redujo muchísimo la violencia.

¿Qué más han implementado?

Tenemos además un banco de datos donde toda persona que cometa un delito va a entrar allí. A Japón y Alemania hubo gente que no entró por indicación de la Policía Federal. Tenía antecedentes.

¿La violencia en el fútbol cuántas muertes ha dejado en los últimos años en Argentina?

No le puedo precisar las cifras pero sí detectamos un aumento de los hechos violentos en los espectáculos y fuera de ellos que nos obligaron a crear el departamento. En este primer campeonato tuvimos 1’237.410 hinchas, en 126 partidos, con apenas 11 incidentes no graves. Este año por fortuna no hemos registrado ni un homicidio relacionado con el fútbol.

¿Qué función puntual desempeña ese departamento?

La primera, hacer inteligencia previa a un encuentro de fútbol. Me refiero al estadio, características de sus alrededores el día del encuentro, la cantidad de hinchas posibles que van a asistir, qué hay de antecedentes entre esas hinchadas, y las rutas de desplazamiento de esos aficionados. La segunda, trabajar en el marco jurídico, en contravenciones o en hechos que rayen en el delito.

¿Cómo funciona?

Normalmente los lunes se reúne el consejo. Están los representantes, clubes, gobierno, el departamento de prevención y se ponen sobre la mesa todas las variables alrededor de un partido como el horario, si se cruza con la salida de jóvenes de un colegio.

Todo se plantea. El miércoles se vuelven a reunir y lo que se debatió el lunes ahí queda definido. Se expide un acta de qué se hace y cómo se hace y se cumple. Incluso si se requiere, no se vende boletería en taquilla o se limita el número de hinchas visitantes. Si se define que más de 6 mil no entran, el domingo no hay más de ese número.

¿Cuántos hombres tiene para la inteligencia?

Alrededor de 50 personas y no es un trabajo fácil. Se delegan responsabilidades como por ejemplo para que alguien tenga registros de las placas de cada bus que se desplace, con el nombre de su choferes, el número de pasajeros… Todo eso lo debemos tener localizado y hacemos monitoreos de las hinchadas por las carreteras con las empresas privadas de autopistas.

Pero, ¿la inversión en logística es enorme?

A veces hay problemas. Como el que unos carros se desplacen antes pero son cosas con las que venimos luchando porque nosotros no podemos obligar a que salga a tal hora y llegue a tal hora.

¿De todos modos la concentración de la mayoría de equipos en Buenos Aires y sus alrededores facilita las cosas?

Tuvimos recientememte un acompañamiento de una hinchada de San Martín de Tucumán durante 1.200 kilómetros de carretera. Eran 28 buses con 40 hinchas en promedio cada uno. La caravana llegó a Buenos Aires con siete policías.

¿Eso basta o es necesario hacer leyes más rígidas. Han modificado de alguna forma los códigos?

No. Se ha cambiado es de forma operativa en los estadios. Se creó un grupo especial que está en la tribunas para evitar los incidentes. Está entrenado para trabajar sin armas dentro y alrededor de los estadios. Vela porque el ciudadano común no sufra las consecuencias de los desadaptados. Lo que se ha fortalecido es el cacheo (requisas) en los anillos para evitar que la gente entre armada.

¿El trabajo de pedagogía les ha funcionado?

Va en el día a día. Detrás del partido viene la crítica y las cosas se van corrigiendo. Hay encuentros, seminarios, pero ese grupo minúsculo que genera la violencia no va. Va el común y no los de los desmanes. Ninguna institución del mundo tiene la cartilla para decir cómo se maneja. Se maneja con lo que se supone que puede pasar y con lo que pasó.

¿Está muy lejos Suramérica de ver aficionados sin malla enfrente como se ve en Inglaterra?

No tan lejos como se pueda uno imaginar. Esto se debe acabar algún día y no porque haya muertos. Tiene que llegar un momento en que todos nos pongamos de acuerdo.

¿Diría que la situación en Colombia es muy distinta a la de su país?

No puedo hablar de algo que no conozco con exactitud pero sí le puedo decir que este es un fenómeno con caracterísrticas similares en Suramérica. Es un problema social, cultural que no toca a un sólo país. Cuando hay partidos entre países se perjudica todo un pueblo por cuenta de unos pocos.

¿Qué hay tras los incidentes de las barras?

Llámese barras bravas, los Tiffosi, la Torcida, los Holigans, son los mismos. Son grupos minúsculos de desadaptados sociales que a veces aprovechan la masa para provocar.

¿Cuál es el perfil de ellos?

Son todos delincuentes. Hay un caso emblemático que fue el del asesinato de un hincha de River al parecer por disputas del liderazgo de la barra. Capturamos a 14, uno de los cuales estaba en Italia. Logramos extraditarlo y constatamos que tenía causas judiciales en Barcelona (España) donde lo investigaban por el robo armado a una joyería. Falta uno por capturar.

¿Alguno de esos 14 volvió a fútbol?

A pesar de que hubo excarcelaciones quedaron vetados. Los organizadores hacen uso del sistema de admisión y no ingresan a sus eventos.

¿Lo que usted sostiene es que no son hinchas desmedidos sino delincuentes mimetizados tras estos actos?

Sin duda. Se mimetizan y algunos no van ni siquiera a ver los partidos. Aprovechan la masa para expresar su manera incorrecta de ser pero donde pasan desapercibidos públicamente.

¿Cómo han hecho para controlar esa violencia que se genera a través del mundo virtual?

El mismo grupo de inteligencia está observando constantemente esas páginas y las comunidades virtuales para anticiparnos y evitar esos choques.

Fuente: El Tiempo.com
09
Dic
08

“Las hinchadas son xenófobas, racistas y discriminadoras”

“Las hinchadas son xenófobas, racistas y discriminadoras”“Pertenecer a una hinchada es ser parte de un territorio”

En el país ya murieron más de 200 personas por incidentes vinculados con la violencia en el fútbol, “el opio moderno de los pueblos”, según el sociólogo argentino Pablo Alabarces.

“La violencia es previsible y, por lo tanto, es explicable y evitable”, sostiene Alabarces, que se ha dedicado a analizar en profundidad este complejo fenómeno.

Doctorado en filosofía en Inglaterra, secretario de posgrado de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA y profesor titular del seminario “Cultura popular y cultura masiva”, de esa universidad, Alabarces (de 46 años) encara el diálogo con una táctica defensiva: “Dicen que me dedico al fútbol, pero yo simplemente hago sociología”.

En su opinión, “la violencia no es un problema de barras: responde a la cultura del aguante, que tiene su propia ética”. Autor de títulos como Crónicas del aguante y Fútbol, violencia y política, y compilador de Hinchadas, pone la lupa sobre las conductas de hinchas, jugadores, políticos, empresarios y periodistas.

Después de haberse desempeñado como asesor del ex árbitro Javier Castrilli en la Subsecretaría de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos, está convencido de que nadie quiere hacer nada para cambiar “este universo homofóbico, xenófobo y violento” en el que anida “el último bastión de resistencia masculino”.

-¿Por qué eligió el fútbol como objeto de investigación?

-Porque es un hecho sociológico fantástico. Incluye a un porcentaje elevadísimo de la población masculina y a uno cada vez mayor de la femenina. El fútbol es hoy por hoy el campo que más participantes atrae en la cultura argentina.

-¿Una cultura violenta?

-Ahí está el asunto: la violencia no es sólo una cuestión de barras bravas. El día que mataron a un hincha de Tigre, meses atrás, un periodista escribió una crónica que incorporaba testimonios de la gente del barrio. Un vecino decía: “Che, qué desastre, esto no puede pasar…”. E inmediatamente añadía: “Pero ¿viste como corrían los de Tigre?”. No se trataba de un barra brava ni de un hincha militante. Sin embargo, participaba del concepto del aguante.En ese contexto, la violencia es motivo de orgullo.

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-¿Qué encierra la idea de “tener aguante”?

-No significa ser un hincha militante, fanático, pasional que acompaña a su equipo, que lleva banderas o que canta hasta el agotamiento. La cultura del aguante es una metáfora. Es, fundamentalmente, una ética, una concepción moral del mundo según la cual tener aguante significa ser más macho que otro. Pero los opuestos no son hombre versus mujer, sino hombre versus no hombre. El aguante tiene que ser demostrado continuamente, con la lógica de los hinchas, en el combate. Si no hay combate no hay aguante.

-¿Qué es la “hinchada”?

-La cultura del fútbol es uno de los núcleos más machistas y homofóbicos de la cultura argentina. Las hinchadas son xenófobas, racistas, discriminadoras. Esto ocurre en un contexto en el cual la sociedad se moderniza y la mujer es cada vez más autónoma. El mundo del aguante es el último bastión de resistencia masculino. La hinchada tiene tres componentes: un núcleo muy duro, que es la barra; uno más amplio, al que llamamos la militancia, y un núcleo más periférico: los hinchas comunes. Estos últimos están lejos de ser santos, porque cantan orgullosos que su hinchada tiene más aguante. Las relaciones entre estos tres sectores son complejas. Los hinchas militantes son capaces de participar en hechos de violencia, pero no de volver eso una mercancía. La diferencia con los barrabravas es que ese aguante ellos lo venden y obtienen dinero. La barra participa de un sistema corrupto. Como todos los dirigentes deportivos, e incluso los jugadores, hacen pingües negocios con la televisión, los pases, los contratos; la barra lo que dice es: nosotros ponemos pasión, ponemos color y cuando hace falta también ponemos aguante, a cambio queremos una parte del negocio.

-¿Cuándo comienza la violencia como cultura en el fútbol?

-Mi hipótesis -que es indemostrable, pero no ha sido refutada- es que esto se produjo durante la dictadura. Porque cambió la relación de la sociedad con la violencia. Una barra funciona como una especie de grupo de tareas que ejerce una violencia ilegítima con ciertos mandantes y esos mandantes son la dirigencia deportiva y la política.

-¿Qué significado social cobró el fútbol?

-Cuando desaparecen los mecanismos tradicionales de identificación (la política, el trabajo, la educación, el sindicalismo), el fútbol es generoso y da identidad sin pedir carnet. Pertenecer a un club es ser parte de ese territorio.

-¿Son muy poderosos los intereses sobre los que se construye la cultura del fútbol?

-Eso es lo que ha explotado con la barra de River, donde hay una unidad de negocios ligada a la posesión de aguante. Otro ejemplo: en agosto de 2006, la barra de Godoy Cruz impidió que se jugara el primer partido del campeonato. ¿Por qué? Porque como habían ascendido a primera reclamaban un porcentaje mayor: tenían que ascender también de categoría económica.

-Y son muchas las manos que quieren manejar…

-Ahí aparecen dos complicidades: una, la dirigencia deportiva corrupta y la barra. La otra es la dirigencia política, que en esa transacción recibe poder.

-Usted asesoró a Javier Castrilli. ¿Cómo fue esa experiencia?

-Frustrante. Nos tenían como una especie de justificación científica. Cuando Castrilli asumió, en 2003, lo primero que me dijo fue: “Ahora vamos a hacer lo que siempre dijiste”. Pero inmediatamente ratificó la prohibición de llevar banderas a los estadios. Le dije: “Javier, esto es contradictorio. Hay que producir un shock de reconocimiento de los derechos de los hinchas”. La respuesta fue: “Primero, que me demuestren que se pueden portar bien”. Castrilli me estaba diciendo que se iba a privar a los hinchas de sus derechos hasta que demostraran que eran inocentes.

-¿Qué haría usted?

-Hay que hacer todo de golpe, en 24 horas, y después mantenerlo durante diez años. Intervenir la AFA y la mayor parte de los clubes de fútbol. Y tomar medidas para la seguridad de los estadios. Hoy en el fútbol hay más riesgos por cuestiones estructurales, porque se puede caer un estadio, que por cuestiones de las barras. Además, hay que cambiar de manera radical la percepción del hincha. Mientras se los vea como culpables y violentos no hay política posible. Un cambio de percepción debe decir: los hinchas son organismos de la sociedad civil y hay que darles poder.

-¿No es contradictorio?

-No, porque una cosa es el poder clandestino y otra el poder civil de decir, por ejemplo, que las entradas son muy caras, que los lugares son incómodos o que la policía les pega.

Fuente: La Nación
18
Jul
08

Hacés quilombo? juicio antes de salir de la cancha

La lucha contra la violencia en el fútbol podría entrar en una nueva era, utópica hace un tiempo, esperanzadora ahora, siempre y cuando lo prometido se haga realidad: para zafar de un juicio por violencia en el fútbol donde se la quería llevar al banquillo como organizadora máximo del evento, la AFA ofreció a la Justicia porteña una probation consistente en financiar la construcción de salas para juicios exprés a los barras en los estadios de River, San Lorenzo, Vélez y Huracán. Un acuerdo similar había firmado el viernes Boca, para no enfrentar un proceso en el cual se lo podía condenar a seis meses de inhabilitación del estadio y una multa de 100.000 pesos.

La historia se remonta al superclásico del Clausura 07 en la Bombonera, cuando el fiscal Martín Lapadú comprobó que mucha gente ingresó sin entradas ni cacheo, ante la mirada impávida de los controles y la Policía. Encima, en la bandeja visitante hubo un herido de arma blanca: el dirigente de River, Gustavo Lavezzari.

Con los videos bajo el brazo, realizó las actuaciones y llevó a juicio a los controles, a la Federal, pero también a la dirigencia de Boca por omisión de recaudos de organizador y a la AFA, teniendo en cuenta que la Corte Suprema en el fallo Mosca (remisero que resultó herido en un partido en Lanús) consideró que la casa madre también es responsable de los hechos de violencia que se producen en las canchas.

Grondona, en su indagatoria, rechazó todos los cargos, pero los abogados de la AFA, viendo lo que se venía, ofrecieron ayer una probation que ahora debe ser refrendada por el juez Norberto Circo.

La nueva modalidad permitirá llevar a juicio dentro de las 48 horas a cualquier barra que cometa un delito y sea captado in fraganti por las cámaras de seguridad de los estadios. Como habrá un fiscal en la cancha, éste le dará la orden a la Policía para que lo detengan y de allí se informará al juez de turno, que en dos días deberá hacer el juicio en la sala construida en cada club a dicho efecto.

“En Europa, con esta modalidad, el índice de delitos bajó muchísimo. Tiene un efecto real y simbólico fuerte”, dijo el fiscal Lapadú. Ojalá igual pase en la Argentina, donde las cámaras de seguridad a veces parecen manejadas por los propios barras.

Fuente: Olé
27
May
08

Visión mexicana de las barras bravas

El principal requisito para ser “barra brava” de fútbol en Argentina es tener el ‘aguante’ necesario para alentar al equipo, participar sin miedo en las peleas de los estadios y defender aún con la vida a los líderes de cada porra.

Así lo resumen algunos de los miles de argentinos que convirtieron el ser ‘barra-brava’ en una profesión que hizo ricos y famosos a dirigentes de estos temidos grupos, mientras que a otros los llevó directamente a la cárcel.

Para un experimentado fotógrafo ‘los barra bravas son los Frankestein de los equipos, porque en principio los organizaron para infiltrarlos en las zonas populares para que vigilaran a los hinchas y evitaran robos, eran un grupo parapolicial’.

Con el tiempo, las ‘barra-bravas’ fueron adquiriendo mayor poder porque las dirigencias les otorgaron la concesión para la venta de comida en los estadios o sus alrededores, el cuidado del estacionamiento, la venta de banderas, gorras y camisetas.

Cuando los grupos comenzaron a presionar a los presidentes de los clubes, con amenazas de por medio, consiguieron también un margen de entradas para los partidos que vendían por su cuenta, consiguiendo así jugosas ganancias.

La cereza del pastel la obtuvieron con los viajes internacionales a los que son llevados como parte de las delegaciones oficiales de los equipos que disputan torneos en el extranjero, e incluso en los cotejos de la Selección nacional en los mundiales.

Un caso extremo lo protagonizó el año pasado el presidente de River Plate, José María Aguilar, quien reconoció que había incorporado a algunos ‘barra bravas’ de ‘Los borrachos del Tablón’, la porra oficial, a la nómina de empleados del club.

‘Intentamos llevar adelante un tipo de políticas de inclusión con la barra brava’, confesó en medio de un escándalo por el descubrimiento de que los golpeadores contratados ganaban hasta dos mil dólares mensuales.

Como en todos los partidos que se juegan aquí, en los alrededores del Estadio de Vélez Sársfield, en donde Boca Juniors recibió el 14 de mayo al Atlas del Guadalajara por las semifinales de la Copa Libertadores, el clima era de extrema tensión.

Y es que llegar o salir de los estadios es una odisea temeraria porque siempre está abierta la posibilidad de que haya un enfrentamiento entre estos grupos de choque que las dirigencias de los clubes crearon, irónicamente, para reforzar la seguridad.

Los ‘barra bravas’ no suelen salir en los medios porque están calificados como delincuentes y muchos de ellos son buscados por la Policía, sin mucho esfuerzo, hay que decirlo, porque todos van cada semana a los partidos de su equipo.

Pero en el Boca Juniors-Atlas, algunos de los barras bravas del equipo xeneize accedieron a dialogar bajo la petición del anonimato, y contaron que siempre llegan un par de horas antes a los estadios, en camiones alquilados por el propio club.

‘Nos vemos en algún lugar y de ahí nos venimos juntos para acá, no necesitamos entrada porque nos meten a todos y los líderes son los que le dicen a la Policía quién pasa y quién no’, cuenta Rafael, orgulloso miembro de ‘La 12’, como se conoce a la porra de Boca.

Rafael vino desde Quilmes, una localidad de la zona metropolitana de Buenos Aires, y reconoció que esto es un oficio para él porque gana dinero que no obtendría en trabajos que, además, nadie va a darle por desconfianza.

Explicó que las jerarquías en las porras se obtienen en las grescas ‘porque si sales en la tele dándole palazos a algún enemigo o peleando sin miedo, ahí ganas puntos con los líderes. Para estar aquí lo más importante es eso, no tener miedo, jugársela’.

Aunque se les intente combatir, los ‘barra brava’ van a permanecer porque ya son parte del folclore del futbol argentino, confió Daniel, un trabajador de seguridad en Vélez.

‘Ellos controlan los partidos, si no estuvieran habría más pleitos porque todos van a querer tener lo que tienen ahora las barras, siempre van a aparecer nuevos líderes, y a las dirigencias les conviene’, aseguró.

Además, sentenció, ‘los directivos de los clubes les tienen miedo. A ellos les ayudan hasta para que ganen elecciones, así que acá van a estar los barra bravas, cuando metan a unos a la cárcel, llegarán otros, pero acá se van a quedar’.

Fuente; Diario Vanguardia



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